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Gemma Martínez

Gemma Martínez

Directora adjunta de EL PERIÓDICO DE CATALUNYA

La fiebre del oro de la inmortalidad

El superproyecto de Jeff Bezos para conseguir la fórmula de la inmortalidad

El superproyecto de Jeff Bezos para conseguir la fórmula de la inmortalidad / Kacio en Pixabay.

«Es un vendedor de crecepelos». La frase es de mi padre y la pronuncia cada vez que se encuentra con un personaje que quiere engatusar a las masas y a sus voluntades con promesas que, de antemano, sabe que son imposibles de cumplir. Tal y como lo hacían los charlatanes ambulantes de principios del siglo pasado con sus pócimas milagrosas. No puedo dejar de pensar si estas palabras de mi padre pueden aplicarse o no a la ola creciente de millonarios estadounidenses que se han lanzado a invertir en empresas biotecnológicas para revertir el envejecimiento. Es la fiebre del oro de la longevidad, cuando no de la inmortalidad, que seduce a prohombres de Silicon Valley, como Jeff Bezos (fundador de Amazon), Elon Musk (X/Twitter), Mark Zuckerberg (Facebook) o Peter Thiel (cofundador de PayPal), entre otros. Varios científicos también se han unido a esta industria que busca en los laboratorios procesos que contribuyan a alargar los años de vida más allá de la centena. 

La carrera inversora de millonarios e investigadores plantea múltiples interrogantes, aunque podamos decidir, en un acto de buena fe, que sus promotores no son vendedores de crecepelos sino pioneros de la lucha contra el envejecimiento. Las distintas iniciativas todavía están en fase embrionaria y se desconoce si darán frutos, en qué momento y a quién beneficiarán. Además, existen corrientes científicas participantes en la propia industria que contienen la euforia de los empresarios de Silicon Valley, frenan las ansias de inmortalidad y creen que cualquier avance tardará varias décadas. Prefieren poner el foco en objetivos realistas, menos genéricos pero de igual calado e importancia, como la cura de enfermedades degenerativas. Chapó por ellos y, mientras tanto, como decía Montaigne en 'Los ensayos', acordémonos de que la vida no se mide por su duración sino por el uso que hagamos de ella. Vivamos.