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Albert Sáez

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Un emérito sin leyes ni tradiciones

Juan Carlos I

Juan Carlos I / EFE / FERNANDO ALVARADO

Pilar Santos ha desvelado que Felipe VI le ha pedido a Juan Carlos I que no visite España durante la campaña electoral para participar en sus regatas. La petición se hizo cuando las elecciones estaba previsto que fueran en diciembre. Y se supone que sigue vigente o, precisamente por eso, hay interés en revelar el pacto. Ni las leyes ni la tradición regulan la figura del emérito en España, de manera que padre e hijo lo gestionan como pueden con el agravante de los problemas con la justicia que arrastra Juan Carlos I.

La decisión del actual monarca intenta evitar que la forma de Estado se convierta en un asunto de campaña. Vox y Podemos estarían encantados de que así fuera y, posiblemente, lo que teme la Casa Real es que la deriva frentista del PSOE pudiera llevar a Sánchez a entrar en el asunto si Juan Carlos se pasea por Sanxenxo y las cámaras de Ana Rosa le ponen el foco. Como en el caso del adelanto electoral, el mismo hecho de rehuir en debate ya indica cuál es el resultado que auguran quienes lo hacen. Otro tema intocable de la centralidad del sistema que da alas a los extremos. 

La democracia española está sometida a una pinza en la que, por un lado, hay una serie de temas que no se pueden tratar porque han quedado subsumidos en los tabús de la transición, desde la forma de Estado hasta la ley electoral. Y otros que no hace falta tratarlos porque son materias reguladas por Europa. Por ejemplo, si hoy no estuviéramos integrados en la zona euro, el gran tema de la inminente campaña electoral sería la necesidad de efectuar una devaluación de la moneda para combatir los efectos de la inflación con el encarecimiento de la energía y de otras materia primas. Pero no, eso lo decide el Banco Central Europeo (BCE), que rinde cuentas ante el Parlamento de Bruselas, que son las elecciones que nos quedan para la próxima primavera. Así que nos entretenemos con lo que podemos, desde cuántos debates se van a hacer hasta cuántos ministerios se van a crear o destruir, cuando sabemos que solo se transforman. Porque aquí nadie ha planteado reducir el número de funcionarios.

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