Opinión | Negociación colectiva

Ester Oliveras

Ester Oliveras

Economista. Profesora en la Universitat Pompeu Fabra (UPF).

La hora de los salarios

En materia de sueldos, todavía queda mucho terreno por recorrer, más de fondo y desvinculado de esta situación semipermanente de inflación

Acuerdo entre patronal y sindicatos para subir los salarios al menos un 10% hasta 2025

Acuerdo entre patronal y sindicatos para subir los salarios al menos un 10% hasta 2025

Más allá de los porcentajes, la inflación se percibe cada día en nuestra cesta de la compra. Productos frescos habituales que se han convertido en pequeños lujos, con la acuciante constatación de que llegar a fin de mes cuesta más. Esta es la situación habitual de muchas familias, que se agrava si además tienen hipotecas a interés variable. En este contexto, es urgente paliar la pérdida de poder adquisitivo con subidas salariales adecuadas. Especialmente porque todavía no se vislumbra la fecha en que la inflación se estabilizará a su cifra ideal, el 2%.  

Por suerte, sindicatos y patronales ya han realizado gran parte de los deberes, tras la firma del V Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva para el periodo 2023-2025 y que pone las bases para los convenios colectivos que están caducados. La negociación colectiva continúa siendo la principal herramienta para garantizar que los trabajadores puedan mantener condiciones laborales adecuadas y, así, asegurar cierta justicia y paz social. El acuerdo llega después de casi dos años de inflación continua, y con algunas empresas, sobre todo grandes, beneficiándose de mayores márgenes de beneficios derivados de estas subidas de precios, mientras muchos de los sueldos iban quedando atrás. Así lo muestran las variaciones en la composición del PIB del 2022: los márgenes de explotación de las empresas crecieron siete veces más que los salarios de ese año.

 

Uno puede preguntarse cómo han podido aguantar las familias durante tanto tiempo con estos niveles de inflación. La respuesta es que había un colchón, unos ahorros familiares muy cuantiosos y conseguidos el 2020, durante la pandemia, en la que se gastaba poco y abundaban las ayudas gubernamentales. Pero en otoño de 2022, estos ahorros ya estaban por debajo de los años previos a la crisis sanitaria y empezó a instaurarse la prudencia y la desconfianza. En consecuencia, el consumo privado también cayó a finales del pasado año y ha continuado frenando durante el primer trimestre de 2023. Esta situación podría haber sido más acusada si no fuera por el buen ritmo de creación de empleo de los últimos meses. En todo caso, la cifras ha actuado como un toque de atención que ha favorecido que sindicatos y patronales llegasen a un acuerdo que hacía meses que estaba pendiente.

Poder adquisitivo

En el V Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva se pacta un incremento salarial del 4% para el 2023, pero además incorpora una cláusula de revisión salarial que actuará como una pequeña garantía ante futuras pérdidas de poder adquisitivo. Se han negociado incrementos del 1% si a final del 2023 la inflación es superior al 4%. Un patrón similar se repite para el 2024 y el 2025, cuando se deberá negociar de nuevo. Así, se deja atrás, al menos durante unos meses, el argumento de que la subida de sueldos podría generar una espiral inflacionaria que sería devastadora para la economía. Las subidas salariales han sido tardías y siempre por debajo de la inflación. Hasta el momento, no se ha atribuido la inflación a los incrementos salariales, una afirmación que quizás no se puede hacer si hablamos de los márgenes empresariales. De esta manera, se impone un nuevo pacto de rentas, según el cual todos, empresas y trabajadores, quedaremos un poco más pobres.

En materia de sueldos, todavía queda mucho terreno por recorrer, más de fondo y desvinculado de esta situación semipermanente de inflación; sobre todo con las personas jóvenes. Una generación muy preparada donde muchos, ante las propuestas de sueldos nacionales escasas, ya empiezan a planificar su inicio de trayectoria laboral en otros países; es triste ver cómo terceros países se benefician de los esfuerzos de inversión pública realizada. Otros, aceptan los sueldos bajos y las pocas perspectivas de progreso social, y se refugian en el disfrute de la vida y del tiempo de ocio, con un compromiso mínimo con la empresa, viernes libres, y máxima flexibilidad. Algunos sectores, como la hostelería o la construcción, que se basan en la temporalidad, los sueldos bajos y jornadas poco atractivas, están teniendo muchas dificultades para encontrar trabajadores. Todo indica que los modelos de competitividad empresarial basados en sueldos bajos se están debilitando.