Homenaje
Jordi Serrallonga

Jordi Serrallonga

Arqueólogo, naturalista y explorador. Colaborador del Museu de Ciències Naturals de Barcelona.

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Orígenes y prehistorias

Mary Leakey, Joan Oró, Eudald Carbonell, Josep Maria Fullola Pericot y otros trovadores del pasado

Excavaciones arqueológicas, en las casas de la mayordomía adosadas al monasterio de Pedralbes

Excavaciones arqueológicas, en las casas de la mayordomía adosadas al monasterio de Pedralbes / Manu Mitru

A principios de los 90 estiré una beca de tres meses –del Museu de L’Hospitalet– a dos años de estancia en el Centre Européen de Recherches Préhistoriques de Talteüll (Tautavel para los franceses). Aprendí sobre prehistoria y orígenes humanos, y sobre cómo mentir a mi madre y parecer por fin creíble. Desde la cabina telefónica en Place de la République –eran tiempos paleolíticos previos al móvil– la convencí de que mi dieta era rica y equilibrada; opinión compartida por los patos y gallinas a los cuales, compinchado con Manuel Luque (compañero de excavaciones, laboratorio y aula), arrebatamos el pan.

En efecto, también mentimos a los vecinos que criaban aves de corral; les pedimos pan duro para nuestros propios descendientes de antediluvianos dinosaurios, y lo entregaron aun no habiéndonos visto jamás ni con un pollito. O iban despistados o, con disimulo más 'british' que galo, se apiadaron de dos 'africanos' famélicos. Y es que, entre los parisinos residentes, era frecuente escuchar que África empezaba en Perpinyà. Algo que acepté como el mejor halago.

Otra recompensa fue conocer, en persona, al hijo de panaderos ilerdenses que marchó a Estados Unidos para investigar sobre el origen de la vida: Joan Oró Florensa, bioquímico. Desde el CERPT y el Musée de Préhistoire de Talteüll pensaron que mi origen 'africano-catalán' podía serles de utilidad. Necesitaban un cicerone para el VIP en camino: ¡el profesor Oró! Acepté. Estaba dispuesto a actuar, al igual que José Luis López Vázquez en 'Atraco a las tres', como "un admirador, un esclavo, un amigo, un siervo". Aunque el sabio de 70 años resultó ser risueño, afable y atento alumno aventajado.

Oró en los andamios

Tras décadas iluminándonos sobre la génesis de la vida, quería conocer todo acerca del origen del ser humano. Ascendió al yacimiento de la Cauna de l’Aragó –patria de los primeros europeos hasta que irrumpieron Dmanisi, Atapuerca y Orce– y no pude impedir que se columpiase por los andamios. De ese casual encuentro nació una inolvidable amistad.

A mi padre –Oró era uno de sus ídolos– le hubiese encantado compartir aquellas cenas donde, junto a Antonieta Vilajoliu, hablamos sobre la adenina (una de las bases del ADN y del ARN) o de los tiempos en la NASA: las misiones Apollo a la Luna, o las sondas Viking a Marte. El astronauta Neil Armstrong le confesó lo minúscula y frágil que parecía la Tierra vista desde el polvo selenita. Tuvo que consolar a Carl Sagan al comunicarle que las muestras marcianas no habían revelado pruebas de vida. Y, junto a otros científicos, me integró en un plan para divulgar los orígenes del Universo, la Tierra, la Vida y la Humanidad. Después de su deceso, en 2004, solo espero que la activa Fundació Oró y las autoridades materialicen el sueño. En 2023, mientras celebramos el centenario de su nacimiento, se jubila otro maestro.

Años antes de emigrar hacia Talteüll, el catedrático de Prehistoria, Josep Maria Fullola Pericot, había fichado a este primate en el equipo del SERP de la Universitat de Barcelona. Supongo que creyó al desgarbado novato, de segundo de carrera, cuando osé afirmar que algún día excavaría nuestros orígenes en África siguiendo los pasos de Louis y Mary Leakey; a la vez que los trabajos sobre evolución humana del afamado vástago Richard y la nuera, Meave. Louise, hija de ambos, sigue la tarea.

La última lección

Fullola también pertenecía a un ilustre clan. El abuelo, pieza clave de la prehistoria, no era otro que Lluís Pericot. Y la tía, Maria Lluïsa Pericot, fue mi primera profesora de Prehistoria en la UB; al igual que María Pilar García Argüelles, prehistoriadora y casada con Fullola. En cambio, su hijo Manu es reconocido actor y Eulàlia enfermera pediátrica. ¿El fin de la saga? No.

El pasado 4 de mayo, Día de Star Wars, tras 50 años de docencia, Fullola impartió la última lección en un Aula Magna –de la Facultad de Geografía e Historia– con el aforo completo. Cuando, en pie, le dedicamos una sonora y larga ovación, no solo estaban allí algunos de sus discípulos –Jordi Nadal, Maria Mercè Bergadà o Vicky Medina–, sino una legión de trovadores del pasado que, gracias a él, Eudald Carbonell (jubilado en 2022), Mary Leakey y Joan Oró, continuamos buscando orígenes y prehistorias.