Artículo de Ana Bernal-Triviño
Ana Bernal-Triviño

Ana Bernal-Triviño

Profesora de la UOC y periodista.

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Caso Alves: ni lesiones ni flujo vaginal

Ya es hora de que los mitos den paso a la ciencia y que las defensas no usen argumentos de otros siglos basados en el desconocimiento de la sexualidad de la mujer

La discoteca Sutton, cerrada.

La discoteca Sutton, cerrada. / David Oller / Europa Press

 En el auto que determina que Dani Alves siga en prisión provisional y sin fianza queda constancia de los argumentos de su abogado. Se menciona la ausencia de lesiones vaginales en la víctima y, también, que su “flujo vaginal” demuestra que fue una relación “consentida”.

 Entiendo que una defensa, con los indicios de criminalidad que tiene en contra su cliente, busque argumentos, pero estaría bien que la literatura científica o informes forenses de causas anteriores sirvan para no repetir errores que dañan y cuestionan sin base a la víctima.

El propio equipo forense del caso de ‘La Manada’ de Pamplona explicaba que “la ausencia de consentimiento es compatible con la inexistencia de lesiones, de modo que un porcentaje que algunos autores sitúan en el 40%, otros en el 30%, otros en el 50%, de víctimas no presenta ningún tipo de lesión”. También, que ante una amenaza donde se siente que la vida corre peligro se “obvia la actuación de pensamiento racional” y que las víctimas pueden reaccionar “a la defensiva o bien de forma pasiva, con rigidez o con relajación y por último incluso de acercamiento o amistad con el agresor, para evitar males mayores y conseguir que concluya cuanto antes”.

La defensa de Alves, por tanto, debería saber que la ausencia de lesiones vaginales no solo no es concluyente para la existencia de una violación. Es que no tiene nada que ver con el consentimiento, como plantea.

Por otro lado, habla del “flujo vaginal”. Da reparo decirlo, pero flujo siempre tenemos, y procede del cuello del útero y las paredes de la vagina. Y esto depende de múltiples circunstancias, desde tratamientos hormonales hasta la fase del ciclo. Otra cosa es que quizá sugiera el famoso tema de la lubricación. Pero ahí de nuevo se cae en el mito de que la lubricación es síntoma no solo de “deseo” sino de consentimiento, donde tampoco es clave. Un estudio de Levin y van Berlo ya determinó que la excitación o el orgasmo no son factores determinantes en las agresiones. Hay múltiples reacciones fisiológicas del cuerpo frente a la ansiedad o el miedo. La cantidad de flujo puede modificarse y la lubricación puede producirse incluso bajo una amenaza sexual, como respuesta del cuerpo para evitar lesiones vaginales (ver Suschinsky y Lalumière). Emilia Nagoski  también explicó en una charla TED la verdad sobre la excitación sexual no deseada en las agresiones. 

Y es que el cuerpo puede responder igual ante estímulos diferentes. Mi piel se puede erizar si mi pareja me acaricia y mi piel se puede erizar por miedo si alguien me pone una navaja en el cuello, y no por eso estoy disfrutando. La falta de educación sexual y de conocimiento de la sexualidad de la mujer ha hecho durante siglos que antes de comprender nuestro cuerpo se crearan mitos que siempre nos han dañado a nosotras. Y no es casualidad. Ya es hora, en 2023, de que esos mitos den paso a la ciencia y que las defensas no usen argumentos de otros siglos. Que el consentimiento no se mide ni por lesiones ni por flujo.