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Consideraciones sobre la injusta intención del Ayuntamiento de Barcelona y otras instituciones de romper el hermanamiento con Tel-Aviv

La idea de romper los lazos de amistad entre las dos ciudades es un despropósito animado por el antisemitismo y la judeofobia

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Ada Colau, en una imagen de archivo.

Ada Colau, en una imagen de archivo. / .Danny Caminal

El día 24 de septiembre de 1998, día de la Mercè, en presencia de sus respectivos alcaldes, se firmó el acuerdo de amistad y colaboración entre las ciudades de Barcelona y Tel Aviv-Yaffo. Uno de los motivos eran los Acuerdos de Oslo rubricados pocos años antes, donde se produjo el histórico apretón de manos entre Isaac Rabin y Yaser Arafat.

Ahora, 24 años más tarde, de manera brusca y totalmente incomprensible, el Ayuntamiento de Barcelona capitaneado por Ada Colau , junto a otras entidades políticas, promueve el cese de ese acuerdo de hermanamiento entre dos capitales mediterráneas de enormes similitudes.

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Las entidades que copromueven esta iniciativa, todas ellas receptoras de dinero público y bien conocidas por sus campañas de israelofobia, están tratando de recoger firmas para romper el acuerdo de hermanamiento.

Detrás de esta lamentable iniciativa sin precedentes en Europa, que pretende romper puentes de diálogo y convivencia, está el colectivo Prou Complicitat amb Israel, que ya ha protagonizado actos violentos contra personas cuyo único «pecado» ha sido su condición de judío o de ciudadano israelí.

Antisemitismo puro y duro con un odio visceral, acompañado por la ignorancia más absoluta sobre la realidad israelí. Una actitud que causa un profundo ‘shock’ y un deterioro todavía mayor de la imagen internacional de esta ciudad maravillosa que lleva muchos años soportando las embestidas de un ayuntamiento irresponsable y plagado de odios en su decálogo de actuaciones (turistas, Espai Barça, Museo Hermitage, Formula 1, etcétera). Es el mismo ayuntamiento que ha intentado evitar por todos los medios que se siga impartiendo en las aulas de los institutos de la ciudad la enseñanza del Holocausto.

Barcelona es un ejemplo de democracia y libertad, ahora bajo amenaza, valores que comparte plenamente con la ciudad de Tel-Aviv, símbolo desde hace décadas del movimiento LGTB, comandado por una alcaldía progresista y que es un símbolo de pluralidad racial y religiosa, para cualquiera que haya tenido ocasión de visitarla. Se trata de una ciudad vibrante con una oferta turística y cultural muy similar a la de nuestra ciudad y no es por casualidad que sus habitantes tienen a Barcelona como uno de sus destinos turísticos favoritos. Lejos de los clichés que esas entidades del odio quieren transmitir.

Tal y como se establece en el manifiesto del IHRA (Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto) adoptado por la gran mayoría de democracias occidentales, incluyendo el Parlament de Catalunya en enero del 2020, el odio a Israel es la forma de antisemitismo del siglo XXI.

El hilo argumental del movimiento es un libelo propio de los años 30, lleno de falsedades una detrás de la otra y todo por disfrazar una judeofobia tan evidente como primitiva.

Cuando el mundo exige justamente romper con regímenes dictatoriales como lo son los de Irán, Venezuela o Catar, la alcaldesa de Barcelona impulsa la ruptura con la única democracia de la región, en un espaldarazo a los regímenes fanáticos circundantes. Resulta realmente paradójico cuando se acaban de firmar acuerdos históricos, los Acuerdos de Abraham, entre Israel y países como los Emiratos Árabes Unidos o Marruecos. El mundo camina hacia una dirección, y la alcaldía de Barcelona, hacia otra incomprensible.

Pero en Barcelona, Tel Aviv e Israel también tienen muchos amigos que reconocen el valor de la ciudadanía israelí y que quieren que los lazos de amistad entre las ciudades del Mediterráneo no solo se mantengan sino que se consoliden y se hagan más fuertes, desarrollando proyectos conjuntos, muy particularmente en el ámbito de la tecnología, puesto que la ciudad israelí es una referencia mundial en el ecosistema de start-ups tecnológicas y Barcelona ocupa un lugar también destacado.

Por lo tanto, desde esta tribuna, hacemos un llamamiento a la población barcelonesa a que se movilice para evitar tamaño despropósito y que justamente apoye el refuerzo de las relaciones sociales, culturales y económicas entre Barcelona y Tel Aviv-Yaffo, para que ambas ciudades caminen juntas hacia la paz y justicia.

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Firman este artículo: B’nai B’rith Barcelona; LICRA Catalunya, Isaac Levy; ARCCI (Associació de Relacions culturals Catalunya-Israel); ISFA (Israel Spain Forum Alliance).