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Balance 2022: Spotify acierta

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Usuario de Spotify

Usuario de Spotify / ÁLVARO MONGE

Como muchos de ustedes, he recibido estos días el resumen de mi consumo musical del 2022 en Spotify. Debo decir que me siento identificado con el resultado de la información acumulada por el algoritmo del gran servidor global de música. Este tipo de situaciones nos siguen resultando inquietantes. Cuando el sistema operativo de nuestro móvil nos agrupa nuestras fotografías en función de la geolocalización o de la similitud alfanumérica de los rostros que aparecen no dejamos de tener una cierta sensación de violación de nuestra intimidad. A menudo, olvidamos que hemos autorizado el tratamiento de esos datos apretando acríticamente la función de "aceptar". Los algoritmos no hacen más que tratar los datos que acumulan sobre nuestros comportamientos según los intereses de quienes los recolectan. El entorno digital transforma la realidad en una inmensa base de datos de la que nos ofrecen algunas visualizaciones para que entendamos el poder potencial que acumulan.

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Cuando nos vemos analizados por los algoritmos nos pasa lo mismo que a los políticos con las portadas de los diarios: no nos sentimos reflejados en esa proyección. Nuestra identidad es el fruto de otro algoritmo, el que en nuestro cerebro acumula nuestras experiencias y nuestras sensaciones. Eso que llamamos consciencia no deja de ser resultado de ese algoritmo cerebral del que sabemos muy poco de cómo funciona. Incluso muchos científicos dudan de que el cerebro pueda entenderse a sí mismo. La consciencia choca, a menudo, con la visión que los demás tienen de nosotros. Eso es lo que ponen en evidencia los algoritmos digitales. Enfadarnos con ellos no es más que enfadarnos con nosotros mismos en demasiadas ocasiones.

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Los debates sobre los datos son a menudo un estéril enfrentamiento entre apocalípticos e integrados. Los primeros denuncian que las grandes plataformas utilizan las lagunas legales del mundo digital para hacer negocios que no podrían hacer en el entorno analógico. Los segundos defienden que la inteligencia artificial nos mejora la vida a pesar de esos riesgos. Cruzar fronteras hacia territorios desconocidos siempre produce pánico. Pero no nos engañemos, por mucho que salgamos feos, los algoritmos nos retratan como somos. Ya nos pasó a los 'boomers' con las primeras grabaciones de vídeo doméstico. No nos gustábamos, pero éramos nosotros.