Ágora

Fernando G. Benavides

Catedrático de Salud Pública de la UPF.

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Dos años después de 'El año de la pandemia'

Una de las claves contra la pandemia fue disponer de un sistema científico-técnico conectado internacionalmente, capaz de crear y producir vacunas efectivas y seguras

Entrevista a Salvador Illa, exministro de Sanidad y líder del PSC

Entrevista a Salvador Illa, exministro de Sanidad y líder del PSC / FERRAN NADEU

Hace unos días, el director general de la OMS, Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, avanzaba en unas declaraciones a los medios que la emergencia sanitaria internacional estaba tocando a su fin, lo que fue refrendado pocos días después, también ante los medios, por Joe Biden, el presidente de EEUU. 

Aunque ninguna de las dos declaraciones ha sido ratificada por las instituciones que representan, todas las hemos recibido con alegría contenida, y ya empezamos a soñar que podremos ir sin mascarillas en los medios de transporte colectivo o para entrar en las farmacias, aquí en nuestro país. Pero los colegas que están en primera línea nos dicen que no hay que tener prisa, el invierno está llegando, y estaremos mucho tiempo en lugares cerrados; además, no sabemos cuál será el comportamiento del virus, que sigue su evolución. La dosis de recuerdo que se ha empezado a distribuir ayudará, sin duda, a ese final tan esperado.

Desde esta perspectiva optimista, que nos dan los casi dos años pasados desde el año duro de la pandemia, uno puede revivir sin agobio el relato que Salvador Illa nos ofrece en su libro 'El año de la pandemia'. Efectivamente, leerlo es recordar los momentos dramáticos que todos hemos vivido. Especialmente, en los meses de primavera de 2020, cuando se implanta el estado de alarma, nos encerramos en casa, las calles se vaciaron, y las noticias de los fallecimientos nos llegaban, no meras estadísticas, sino las de familiares y amigos, especialmente las muertes en las residencias. Amargo recuerdo que nos viene a la memoria cuando leemos esos primeros capítulos del libro de Illa, sobre el estado de alarma o la España confinada. De hecho, todos tenemos nuestro propio libro que podríamos escribir, como me decía hace unos días un colega, el Dr. Jordi Delclòs, por su experiencia en el Centro Médico de Houston (EEUU). 

En este caso, el exministro, que estuvo en el cargo un año y una semana, nos cuenta una crónica en primera persona de sus vivencias en una responsabilidad única, ministro de Sanidad, desde donde le tocó, nunca mejor dicho, liderar la respuesta a la pandemia más grave vivida en el mundo desde la gripe del 1918, y sin apenas saber nada, por decir algo, de enfermedades transmisibles, contagio, epidemiología, vacunas o salud pública. Entre otras áreas del conocimiento científico imprescindibles para poder entender un poco lo que estaba pasando, y lo que podía pasar. Afortunadamente, en esta ocasión nadie dijo aquello tan conocido, en relación a la epidemia del Síndrome del Aceite de Colza, de: "Es menos grave que la gripe. Lo causa un bichito del que conocemos el nombre y el primer apellido. Nos falta el segundo. Es tan pequeño que, si se cae de la mesa, se mata". Lo que se agradece profundamente.

Posiblemente, su capacidad para rodearse de expertos de salud pública como Fernando Simón y su equipo, pero también de juristas y gestores en distintas áreas -cita a más de 200 personas a lo largo del libro-, le permite salir airoso, como político, de una crisis sanitaria que, como él mismo nos cuenta, son las que se llevan por delante a los ministros de Sanidad, y a gobiernos enteros. De hecho, en los momentos más dramáticos de búsqueda de respiradores y equipos de protección personal, que nos cuenta con detalle en el capítulo 6, hubiera podido acabar con su mandato si no hubiera contado con una red de personas privadas y servidores públicos honestos en todo el mundo que ayudaron a conseguir estos suministros en un mercado salvaje que la pandemia afloró con más crudeza de lo habitual, y salir con éxito de las manos de tahúres y mercaderes sin escrúpulos. Ahí queda el pago por adelantando por parte de la administración pública como una de las, podríamos llamar, innovaciones de gestión pública que nos trajo la pandemia

Para su suerte, y la nuestra, una de las claves ha sido disponer de un sistema científico-técnico conectado internacionalmente, capaz de crear y después producir, con la colaboración de la industria, vacunas efectivas y seguras, que el plan de vacunación basado en el SNS universal puso en el brazo de millones de personas en un tiempo récord. Es lo que nos cuenta en el penúltimo capítulo, al hablar de la estrategia española, yo añadiría europea, de vacunación, y antes de despedirse como ministro para ser candidato a la presidencia de la Generalitat de Catalunya. Esa es otra historia y, aunque ocupa algunas páginas de libro, son en mi opinión innecesarias. 

En resumen, y como conclusión, provisional, podemos decir, mientras la pandemia va desapareciendo de nuestro horizonte, que entre la ciencia que ha sido capaz de desarrollar vacunas efectivas y seguras, y las políticas sanitarias, sociales y económicas, hoy estamos más preparados para hacer frente a las nuevas amenazas que estamos afrontando, como la crisis climática y energética.