Artículo de Rafael Vilasanjuan Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

ONU, final de camino

Sirve para compartir inquietudes, pero en cambio no aporta respuestas frente a la incertidumbre

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El presidente de EEUU, Joe Biden, durante su intervención el jueves en el debate de la Asamblea General de la ONU.

El presidente de EEUU, Joe Biden, durante su intervención el jueves en el debate de la Asamblea General de la ONU. / Justin Lane / EFE

Con el retraso obligado por el funeral, los jefes de estado y de gobierno viajaron desde Londres a Nueva York para cerrar una semana de encuentros y reuniones al más alto nivel en la asamblea general de Naciones Unidas. El encuentro anual, siempre cuando acaba el verano, marca este año un inicio de temporada borrascoso. Desde el funeral londinense llegaron los mandatarios, pero nada del legado de la figura de Isabel II acabada de enterrar. El mundo vuelve a estar tan fraccionado como cuando ella inició su mandato y vuelve a ser tan vulnerable a enfermedades como lo fue en aquel tiempo a la tuberculosis o antes a la gripe y además aparecen nuevos retos como la amenaza climática para los que apenas se intuye respuesta. La ONU fue en aquel tiempo el compromiso para intentar crear seguridad en un mundo incierto, hoy parece el final de una buena idea. Sirve para compartir inquietudes, pero en cambio no aporta respuestas frente a la incertidumbre. Mientras se debatía en la ONU, algunos síntomas de que algo avanza llegaban, desde las calles de Teherán, con las mujeres quitándose el velo o de las fronteras de Rusia, donde kilómetros de jóvenes intentan abandonar el país para evitar ser reclutados en una guerra que no entienden. Respuestas muy lejos de la tribuna.

De las sesiones de esta cumbre mundial solo las pandemias y la lucha contra el hambre han recibido un apoyo en recursos que no deja de ser un síntoma de la impotencia por no poder hacer frente a otros grandes retos que en parte los provocan: el calentamiento del planeta, el avance de todo tipo de extremismos y ahora la guerra en Ucrania. Necesitamos un nuevo compromiso, un nuevo proyecto de unión de intereses para salvar los grandes retos para los que los estados por si solos no pueden dar respuesta. Con más división que nunca y menos compromiso, la borrasca que destilan los discursos viene a decir que estamos en medio de la tormenta. Pero aún peor, que sin respuestas, la ONU ha llegado al final del camino.