Opinión |
La campaña militar (64) | Artículo de Jesús A. Núñez Villaverde

Putin entre reveses, faroles y amenazas

Aparentemente inasequible al desaliento, el presidente ruso se permite afirmar que “no hemos perdido ni perderemos nada”. Una fanfarronada escasamente creíble

Daños materiales en la Alcaldía de la ciudad de Járkov a causa de un ataque de Rusia durante su invasión de Ucrania

Daños materiales en la Alcaldía de la ciudad de Járkov a causa de un ataque de Rusia durante su invasión de Ucrania

Jesús A. Núñez Villaverde

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Aunque cabe pensar que el paso del tiempo siempre favorece al más fuerte, y al menos en teoría es Rusia quien goza de esa condición, no parece que el desarrollo de la guerra en Ucrania esté confirmando esa suposición de partida.

Moscú no solo no ha logrado todavía controlar la totalidad del 'oblast' de Donetsk para hacerse con todo el Donbás, sino que está sufriendo significativos reveses en el campo de batalla, tanto en Jersón como en Járkov. Visto ahora, aunque sin que la contraofensiva ucraniana haya llegado a lograr todavía resultados definitivos, parece claro que Kiev ha sabido emplear muy inteligentemente sus bazas en estos últimos días. Primero anunció por adelantado que iba a lanzar una operación ofensiva en el 'oblast' de Jersón, lo que parecía un contrasentido porque renunciaba a la sorpresa y alertaba a los invasores rusos, permitiéndoles, por tanto, reforzar sus posiciones defensivas a lo largo de todo el frente e incluso trasladar allí unidades adicionales desde el Donbás ocupado.

A continuación, Kiev lanzó efectivamente el ataque en varios puntos del frente, pero sin pretender realizar un rápido avance en profundidad, sino dedicándose a castigar con fuego artillero las posiciones rusas y a cortar los puntos de paso en el río Dniéper, tanto para evitar la llegada de nuevos refuerzos como para impedir la retirada de las unidades enemigas desplegadas entre el río Ingulets y el propio Dniéper. De este modo, ha logrado no solo embolsar a unos 25.000 soldados rusos en posiciones prácticamente insostenibles, sino que ha debilitado la defensa rusa del territorio ocupado en Járkov, hasta el punto de que ahora las tropas ucranianas están recuperando el control de numerosas localidades.

Aun así, aparentemente inasequible al desaliento, Vladimir Putin se permite faroles que le llevan a afirmar que “no hemos perdido ni perderemos nada”. Una fanfarronada escasamente creíble, en cuanto se piensa en los miles de muertos acumulados entre sus tropas, en el nivel de destrucción del material de guerra empleado en la invasión o en el visible deterioro de su economía.

Señal clara de que ni él mismo se cree lo que dice es que, simultáneamente, ha lanzado nuevas amenazas con la clara intención de disuadir a los países que apoyan a Ucrania de que sigan suministrándole armas y de que mantengan las sanciones contra Rusia. Por un lado, Putin dice estar dispuesto a dejar de cumplir el acuerdo alcanzado el pasado mes de julio para permitir la salida de los cereales ucranianos (2,3 millones de toneladas desde el 1 de agosto), argumentando que la práctica totalidad de los barcos que han salido de los tres puertos habilitados para ello han terminado en las costas de países de la Unión Europea en lugar de dirigirse a atender las necesidades de los países que más están sufriendo la falta de alimentos. La realidad es que el acuerdo no recoge ningún compromiso concreto sobre el destino de los buques y que, sin disimular la crítica que corresponde a países desarrollados, que siguen sin atender adecuadamente las demandas de otros más necesitados, el porcentaje de barcos que han atracado en puertos de la Unión es solo del 38%, similar al de años anteriores. Por otro lado, Putin amenaza con cortar el suministro de hidrocarburos a Europa si la UE o el G-7 se atreve a llevar a aplicar una limitación al precio a pagar a Moscú por su gas y petróleo. La realidad es que ya lo está haciendo para forzar un alivio de las sanciones. Las mismas que dice que no le provocan ninguna pérdida.

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