TOUR DE FRANCIA Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

La foto 70 años después

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Pogacar y Vingegaard siempre solos y juntos en los momentos decisivos del Tour.

Pogacar y Vingegaard siempre solos y juntos en los momentos decisivos del Tour. / LE TOUR

Es 6 de julio de 1952 y en el Télégraphe, camino del Galibier, el fotógrafo Carlo Martini aprieta el botón de su cámara de fotos obteniendo una instantánea histórica. Rivales encarnizados de la época, italianos ambos, Gino Bartali y Fausto Coppi. El primero le pasa un bidón (o una botella, no está claro) al segundo, que viste de amarillo como líder que es del Tour de Francia logrado dos días antes en Alpe d´Huez.

Sobre esa mítica imagen hay tantas versiones como leyendas y misterios sin resolver. Desde la duda de quién le pasa la “borraccia” (en italiano bidón) a quién, hasta si la acción no fue del todo espontánea y Bartali da a Coppi una botella que le ha pasado una aficionada desde la cuneta. Lo que sí se sabe es que de la foto original, para publicarla, hicieron “desaparecer” a algún ciclista para dar protagonismo al potentísimo mensaje que transmite la imagen, deportividad y altruismo por encima de la competitividad y la rivalidad.

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Pocos días después de cumplirse 70 años de aquella maravillosa foto, dos rivales de este siglo, con menos bagaje e historial que aquellos, han protagonizado una imagen, esta vez en movimiento, que recuerda la de Coppi y Bartali. No hay fotógrafo sino cámara de televisión pegado a Pogacar cuando éste cae bajando, a 28 de la meta en Hautacam, tras intentar desesperadamente dejar a Vingegaard subiendo Spandelles. De blanco el esloveno con el dorsal 1 como vencedor del último Tour, Tadej Pogacar. De amarillo como líder, con el 18 a la espalda, Jonas Vingegaard. Un mano a mano delicioso que ha convertido este Tour en uno de los mejores que recuerdo en los últimos años. Un Tour ganado al ataque en una etapa memorable entre Albertville y el Col du Granon. Y un favoritísimo que nunca renunció a intentar recuperar “su” amarillo hasta resbalar en la gravilla de la cuneta cayendo al suelo en la etapa reina.

¿Qué hace entonces el líder? Dejar una imagen para la historia, espontánea, en directo, sin misterio porque la verdad sale del televisor. El danés levanta el pie para esperar a Pogacar y éste le tiende la mano en señal de agradecimiento. Puro ciclismo, hoy como hace 70 años. Maravilloso.