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Santi Millán y la difusión de vídeos íntimos

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El actor Santi Millán.

El actor Santi Millán.

Santi Millán se ha convertido en la comidilla de media España a raíz de la filtración por un vídeo sexual. Un vídeo íntimo en el cual el actor graba una escena en la mantiene relaciones sexuales con una mujer. No he visto el vídeo, así que me tengo que imaginar cómo puede alguien practicar sexo y mantener la mano libre para grabar la escena. (¿Lo hacía con palo de selfie?). Elucubraciones aparte, todavía no se conoce cómo se ha hecho público ese vídeo íntimo del actor, pero podría ser que Santi hubiera sido víctima de un hackeo en su móvil.

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Santi Millán ha respondido con sensatez. Ha dicho que la filtración de esas imágenes constituye un delito y que no tiene más que decir al respecto. Lo peor es que ahora se conoce la identidad de su partenaire, y las barbaridades que se están escribiendo sobre ella evidencian el machismo de la sociedad en la que vivimos, porque se aprecia un clarísimo doble rasero.

Las bromas sobre Santi no son insultantes, y la mayoría son graciosas. Los desatinos que dicen sobre la chica rubia que sale en el vídeo (que se ha visto obligada a cerrar redes) o sobre la mujer de Santi (desde cornuda o consentidora a pervertida, porque ha ratificado que mantiene una pareja abierta con su marido), no tienen gracia ninguna.

Santi Millán puede salir más o menos airoso de este trance. No le va a crear ningún problema a nivel profesional, nadie va a dejar de contratarle por esto. Desgraciadamente, la mayor parte de las víctimas de las filtraciones de este tipo de vídeos son mujeres, y las consecuencias son muy distintas.

A una amiga mía le sucedió. El vídeo lo había grabado con su novio de toda la vida, con el que llevaba años saliendo, desde la adolescencia. Alguien en quien había depositado una confianza ciega. Pero tras años de relación, ella se enamoró de otra persona, e inició una relación paralela. Cuando su novio se enteró, hizo lo que los americanos llaman “revenge porn”. Colgó el vídeo en un site de internet. Y desde un locutorio (para que no se pudiera rastrear la IP), envío un enlace a ese site a todos los contactos de Inés, incluidos sus jefes. Inés denunció en comisaría, pero resultó que la web estaba alojada en Montenegro y no era tan fácil eliminar las imágenes. Tampoco pudo probar nunca que fue su novio quien había distribuido el vídeo, dado que el novio había denunciado el robo de su móvil días antes de la filtración. A día de hoy Inés está absolutamente convencida de que la denuncia del robo era falsa.

Compartir fotos de desnudos con una pareja (o parejas) es extremadamente común: un estudio de la firma de software de seguridad McAfee descubrió que casi el 49 por ciento de las personas han enviado una foto, texto o video con contenido sexual en algún momento de sus vidas.

Sí, yo también lo hice, y la foto se filtró, y creo que la foto sigue corriendo por internet.

La mayoría de estos vídeos no se difunden por casualidad

Sí, hay casos en los que alguien ha hackeado tu teléfono y se ha encontrado con las imágenes. Y hay casos como el del hijo de Biden, que llevó su ordenador a reparar y se olvidó de recogerlo. Fue el técnico el que encontró las imágenes y las vendió. Pero en gran parte de los casos, este tipo de imágenes se distribuyen por venganza. Es la ex pareja de la protagonista quien las mueve.

Así que mi primera recomendación sería siempre: no envíes imágenes o grabes imágenes sexuales con una persona en cuya estabilidad mental no confíes.

¿Es celoso, posesivo, controlador, rencoroso? Entonces no le envíes imágenes, mensajes explícitos o fotos, ni te grabes con él. Si algún día tu relación acaba, las podría usar contra ti. Recuerda que tu pareja siempre puede convertirse en ex, no importa si ahora crees que eso es imposible porque ahora crees que lo vuestro durará toda la vida. Nadie puede predecir el futuro. Y en el futuro, embarcado en la misión de vengarse o volver contigo porque te ha perdido, él podría verse tentado a compartir mensajes videos e imágenes privadas, o a amenazarte con hacerlo. Y digo “él “porque no son tantos los casos en los que es ella la que distribuye el material íntimo. Y es que, como ya he dicho, en una sociedad machista un hombre no sufre tanto menoscabo en su honor o prestigio si se filtra material subido de tono, nada comparado al desgaste reputacional que sufre una mujer. Por eso las afectadas suelen ser mujeres.

Mi segunda recomendación sería: Limpia el teléfono a fondo antes de deshacerse de él.

Tú crees que has borrado todos esos videos de sexo o fotos de desnudos de un teléfono móvil que quieres vender o regalar, pero ¿estás segura? ¿Has formateado el teléfono? ¿Y tus aplicaciones? ¿Has cerrado sesión? ¿Has eliminado todas las imágenes e incluso en la papelera? Idealmente, lo mejor es que no entregues la tarjeta de memoria, pues aunque hayas borrado los datos, el nuevo dueño podría usar aplicaciones especializadas para recuperar los datos.

Necesitas eliminar todas las cuentas que tuvieras añadidas al móvil, pero especialmente la de Google. Esto es así porque Android tiene una protección por la cual te pedirá iniciar sesión con la última cuenta que se usó después de hacer un reinicio de fábrica, y a partir de entonces se puede acceder a tus datos. Y last but not least, restaura los valores de fábrica.

La tercera: Mantén a tus amigos cerca y a tus enemigos más cerca.

Además de los novios o ex novios, la segunda mayor fuente o fuga accidental de pornografía son los amigos en las redes sociales. Ten en cuenta esto que en el momento en que tus desnudos o tu sextape salen de tu teléfono o de tu ordenador, nadie puede predecir o controlar dónde terminarán.

Compartir tu momento privado con un amiga o amigo es una receta para el desastre. Da igual que te jure por la gloria de su madre que no se lo mostrará a nadie más. Si se lo has enseñado, sería porque era muy interesante. Y ésa es la razón por la que él o ella se sentirá tentado a enseñárselo a su vez a otra amiga o amigo que jurará a su vez por la gloria de su madre que no se lo va a enseñar a nadie más… Y así sucesivamente. En una semana, todo tu círculo habrá visto esas imágenes. Y también muchas personas fuera de tu círculo.

La cuarta: Recuerda, once in the net, forever in the net. Una vez la imagen se haya compartido es prácticamente imposible eliminarla para siempre. Y sé de lo que hablo. Mi foto desnuda sigue corriendo por internet. Y sí, he pensado muchas veces en lo que tu probablemente hayas pensado también: es posible que mi hija haya visto esa foto. Y los amigos adolescentes de mi hija. Gracias a Dios, es una foto no particularmente reveladora y casi pacata comparada con el contenido que se ve ahora, pero después de aquello yo lo tuve claro: nunca, jamás, me iba a grabar teniendo sexo. Si tú lo haces, debes reflexionar primero: ¿estás dispuesta a asumir el riesgo de que ese vídeo se filtre? Si tienes hijos, si tienes una familia muy religiosa, si trabajas en un entorno rígido y conservador, si en el futuro te quieres dedicar a la política… Hay miles de razones por las que puedes decidir, a poco que lo reflexiones, que no te compensa el beneficio inmediato que te pueden reportar las imágenes si lo comparas con el riesgo a largo plazo.

Imaginemos que ese vídeo o esas imágenes ya se han filtrado

Como el “revenge porn” es un fenómeno relativamente nuevo, sus efectos exactos sobre la salud mental aún no se comprenden por completo. Pero existen.

La víctima sufre. En primer lugar, sufre porque le traiciona alguien en quien confiaba, y a quien, en la mayoría de los casos, amaba.

En segundo lugar, porque la pornografía de venganza es una violación no solo de su privacidad, sino también de su sentido de la dignidad. La víctima se siente impotente, porque ella no ha elegido distribuir esas imágenes, ni tampoco tiene el menor control sobre dicha difusión. No sabe hasta dónde llega la distribución, ni quién ha podido ver el material.

Yo recuerdo una cena tremendamente embarazosa en la que uno de los comensales, al que hasta entonces no había visto en la vida, pues se trataba de una entrega de premios y nos habían asignado los asientos aleatoriamente, dejó caer que me había visto desnuda. Repito que en ese momento me alegré mucho de dos cosas: de que solo fuera una foto, y apenas se viera nada, y de no haber grabado un vídeo sexual en la vida. Aun así, me lo hizo pasar mal. Finalmente le expliqué que yo no había filtrado la foto, y que si me avergonzaba de algo no era de mi cuerpo, ni de tener vida sexual, sino de haber confiado en alguien que no merecía mi confianza ni mucho menos mi amor. El tipo se calló, y la señora que estaba sentada al otro lado de la mesa me felicitó por la respuesta. Luego cambiamos de tema.

La anécdota demuestra que cuando una imagen así se difunde, nunca sabes hasta donde llega o quien podría haberla visto. Inés, que vivía en un pueblo relativamente pequeño, me contaba que salía a la calle y tenía la impresión de que toda persona con la que se cruzaba (la vecina en el ascensor, la quiosquera, la cajera del supermercado, el tipo del coche de al lado que se quedaba mirándola en el semáforo…) había visto sus imágenes y le juzgaba. No era un sentimiento paranoico: existía una enorme posibilidad de que efectivamente hubieran visto las imágenes.

Un episodio así puede llevarte a desarrollar creencias limitantes

La primera, que fue tu culpa. No, no lo fue. Tú no distribuiste el vídeo. La segunda que nunca se puede confiar en nadie más. Pero sí se puede. En la vida hay gente mejor que esa persona, y, como dicen los irlandeses, la hierba suele ser más verde al otro lado de la colina. Si te descubres culpándote a ti misma por lo que sucedió, o si aprecias que tus interacciones con los demás se ven repentinamente nubladas por la desconfianza y por las dudas, intenta dar un paso atrás y ganar algo de perspectiva. Te recomiendo que te sientes en un lugar tranquilo, que desconectes el móvil y que escribas una carta. La carta que le escribirías a una amiga muy querida que estuviera atravesando situación similar.

Sí, que otra persona haya hecho públicos tus fotos, textos o tus videos sexualmente explícitos sin tu consentimiento es una gran traición. Pero trata de no focalizar en aquello que no puedes controlar, como quién puede o no haber visto tus imágenes o videos. Ese tipo de pensamientos te montan sobre un caballito que sube y baja en un tiovivo de ansiedad. Vuelve a escribir. Haz una lista. Una lista de tus opciones y de aquellas cosas sobre las que puedes tener control. Puedes denunciar. Puedes enviar un mail a tus amigos y familiares explicando lo que ha sucedido. Puedes colgar un texto en tus redes.

Sobre todo, sé compasiva contigo misma. Ni eres tonta, ni eres una puta. Le podría haber pasado a cualquiera. De hecho, nos ha pasado a muchas mucho. Es absurdo estigmatizar a las mujeres por un comportamiento que se considera sexualmente promiscuo. La gran mayoría de las mujeres a las que conoces tienen sexo. La única diferencia es que sus imágenes no se han difundido.

Sí, sé que es difícil a veces, y sobre todo en situaciones de estrés y ansiedad, no internalizar creencias nefastas que hemos escuchado desde pequeñas. Pero es importante recordar que incluso si otros han visto tus fotos, mensajes de texto o videos privados, las personas que vale la pena tener en tu vida no te juzgarán por ellos.

Recuerda que no es tu culpa. Ya lo he dicho varias veces, pero no me importa ser redundante. Tú no capturaste ninguno de esos momentos para que el mundo los viera. Tú no invitaste a nadie a tu espacio privado para que te observara y comentara. Tú no entregaste ese material a otros. Nada de lo que condujo a la exposición pública de tu material privado fue tu deseo o intención.

Así que perdónate

En primer lugar, debes perdonarte a ti misma por cometer un error de juicio a la hora de depositar tu confianza en otra persona. Literalmente, escríbelo: “Te perdono, te perdono por no ser más sabia. Te perdono por cometer este error. Te perdono porque te quiero, porque eres humana y porque los humanos cometemos errores”.

Y ahora viene la parte más difícil. Perdona a la persona que te traicionó. Atención, que esto no quiere decir que vuelvas a hablar con él, o que no vayas a denunciar. Quiere decir que te niegas a mantener un vínculo tóxico con esa persona, un vínculo basado en el rencor. Que te niegas a dedicarle espacio mental a esa persona, a pensar en él, a imaginar castigos o venganzas. No dejes que el rencor te consuma porque te impedirá disfrutar de futuras relaciones sexuales y afectivas, y porque te impedirá confiar la persona adecuada cuando la encuentres.

Perdona también a familiares y amigos que recibieron el material y se sumaron a la cadena. Los que compartieron el material en redes sociales o los que lo distribuyeron por WhatsApp. Los que tuvieron la desfachatez de decirte que ni siquiera lo habían visto cuando tú sabías de sobra que lo habían visto y que además lo habían hecho correr. Perdónalos. Repito, perdonar significa, básicamente, olvidarte de ellos y no albergar rencor, resentimiento o venganza. No significa seguir siendo amigos o volver a hablarles. Perdonar reduce el temor al rechazo, al engaño, al abandono. El rencor solo te roba energía tiempo y autoestima.

Por último, perdona a los desconocidos. Esos que no te conocen de nada, pero han dicho barbaridades de ti. Aquellos que encuentran placer en llamarte puta o tonta en redes y sin embargo están haciendo o han hecho exactamente lo mismo. Sí, querida. Debes perdonarlos también porque, si no lo haces, vivirás tu vida siempre a la defensiva.

Habla del tema

El enfoque de "por favor, déjame en paz" y "no quiero hablar de eso" no es el adecuado en este caso. Eres humana. Te han hecho daño. Han traicionado tu confianza. Te han expuesto. Duele. Debes encontrar una salida constructiva y hablar de ello con alguien que sepas que no te juzgará. Amigos o familiares. Un terapeuta si hace falta. Habla abiertamente con ellos. Llora noches enteras con ellos, si hace falta. Quizá no puedan ofrecerte solución, pero sí que pueden ofrecerte un refugio espiritual, y, sobre todo, un oído para escuchar.

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Ya sea un profesional de la salud mental, un amigo o familiar, debes saber que la filtración de tus imágenes o videos privados puede ser una experiencia traumática y que es normal sentirse violada, vejada, ultrajada, humillada. Aunque no sufrieras daños físicos, has sido víctima de un delito sexual. Y los delitos sexuales dejan huella. Cualquier sentimiento que experimentes es legítimo. Pero si piensas en quitarte de en medio o en hacerte daño, llama inmediatamente a una amiga, no te quedes sola en casa. Y después llama a un terapeuta. Es normal que te sientas así, pero tienes que tener cuidado, no sea que esas fantasías se trasladen a la realidad.

Por último: No es para tanto

De verdad que no. Yo sobreviví a ello, Kim Kardashian y Pamela Anderson también. Y muchas más mujeres, incluida la que aparece en el vídeo de Santi Millán. No has hecho nada que la inmensa mayoría de las mujeres no hayamos hecho alguna vez (excepto las asexuales, las monjas, y alguna que otra más, por razones diversas). No debes avergonzarte de nada. Quie