Nómadas y viajantes

Un botón para expulsar palestinos

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El primer ministro israelí, Naftali Bennett, durante una reunión del Consejo de Ministros.

El primer ministro israelí, Naftali Bennett, durante una reunión del Consejo de Ministros. / ABIR SULTAN / POOL (AFP)

Hace unos días se divulgó un vídeo del vice ministro de Asuntos Religiosos de Israel, Matanm Kahana, miembro del partido ultraderechista del primer ministro, Neftalí Bennett, en el que decía: "Si hubiera un botón que pudiera apretar para llevar a los árabes en tren a Suiza, lo apretaría". Ante el escándalo, reculó, dijo que solo pretendía decir que palestinos e israelís deberán permanecer juntos.

La extrema derecha religiosa israelí sostiene que Dios les entregó la tierra en la que viven, y esgrimen la Biblia como un certificado de propiedad. Esa tierra incluye las fronteras internacionales reconocidas y las ocupadas a palestinos en violación de las resoluciones del Consejo de Seguridad. Los palestinos tienen otro libro del mismo Dios, el Corán, pero no la fuerza para que se les respete.

Vladímir Putin prefiere la historia, otra ficción escrita por los vencedores. Se remonta al siglo IX, cuando un vikingo creó el Rus de Kiev, el primer reino eslavo. También lo ve como un contrato de propiedad sobre Ucrania pese a que Moscú es posterior.

Propiedades históricas

España podría reclamar la propiedad de Flandes y parte de Italia, además de casi toda América Latina, Florida y California. Marruecos podría desempolvar el año 711 y sostener que les pertenece casi toda la península ibérica. ¡Y si hablara la Roma de los césares!

Todos recurren a seres y actos imaginarios para vender el producto, que no es otro que el miedo, generador de fronteras y guerras.

Israel lleva años instalado en una deriva excluyente. La deshumanización del palestino les ha deshumanizado como sociedad. Es sorprendente que hijos y nietos de víctimas copien a los victimarios. No se puede hablar de trenes y deportaciones sin caer en la indecencia moral.

Bennett está más a la derecha que Netanyahu. Sigue la ideología de los sionistas revisionistas, que defienden una patria pura, solo para judíos, sin árabes. Los sionistas socialdemócratas de Shimon Peres e Isaac Rabin al menos intentaron la paz y aceptaron la idea de los dos Estados.

La muerte en mayo de la periodista palestina-estadounidense, Shireen Abu Akleh, en Jenin (territorio ocupado) fue un asesinato a sangre fría. Lo afirma The Washington Post que realizó una exhaustiva investigación, la que se niegan a efectuar las autoridades. El disparo procedió del arma de un soldado israelí. Para Bennett y sus ministros es un caso cerrado. La reportera estaba en una zona conflictiva, pudo ser cualquiera.

Política de ocupación

La impunidad forma parte de la política de ocupación. La periodista de Al Jazeera llevaba casco azul y chaleco antibalas con una identificación: Press, visible desde una mirilla. Le dispararon en el rostro. Era ciudadana de EEUU, cuyo Gobierno entrega miles de millones de dólares al año de ayuda militar a Israel, un país de 22.145 kilómetros, poco más que Badajoz. Israel es la cabeza de playa de EEUU en Oriente Próximo, una zona convulsa rica en petróleo y gas.

Israel es un Estado militarizado que se siente rodeado de enemigos. Ha sostenido y ganado varias guerras desde 1948 con países árabes que les querían echar al mar. Esa amenaza es la que ha moldeado la personalidad de Israel que logró dinamitar todos los procesos de paz que supusieran la entrega de un palmo del territorio sagrado.

Tel Aviv ha jugado con inteligencia en la pugna político-religiosa entre sunís y chiís. Con los primeros comparte la inquina a Irán, el único país de la zona que podría representar un peligro militar para Israel.

El Acuerdo de Abraham con Emiratos Árabes Unidos y Bahréin, bajo el patrocinio de Trump, ha roto el aislamiento. Las monarquías del golfo pérsico aceptan la existencia de Israel, un cambio radical. Arabia Saudí no lo escenifica aún pero trabajan juntos en cuestiones militares. Las nuevas redes de amistad han llegado hasta Marruecos.

Los palestinos no son Ucrania

Pese a que la seguridad exterior está más garantizada que nunca, la deriva ultra echa raíces en Israel. Las palabras de Kahana y el disparo que mató a la periodista Shireen Abu Akleh forman parte de la misma estructura de odio y arbitrariedad.

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Israel es uno de los países que se ha negado a aplicar sanciones a Rusia, debido a su poderosa minoría rusa, pero acaba de alcanzar un acuerdo con la UE para vender gas natural a Europa. Negocio redondo.

Los palestinos no son Ucrania (los agredidos en los territorios ocupados), ni Israel es Rusia, el invasor. Hay conflictos de primera y de segunda. La división la deciden los intereses de quien manda. Están junto a los saharauis y los rohinyás en una franja de invisibilidad en la que cualquiera puede tener la tentación de apretar un botón y hacer desaparecer el problema.

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