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Sra. Colau, encuentre al ladrón de Vettel

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Sra. Colau, encuentre al ladrón de Vettel

EFE/Alejandro García

Un día, hace 10 años, aparqué mi Bultaco ‘Lobito’ de 36 años (ahora la señora Ada Colau ya no me la deja llevar por Barcelona y me la he tenido que llevar a Palma) en Paseo de Gracia-Aragón. Y, cuando me quité el casco, se me acercó uno de los mejores seres humanos que he conocido en mi vida: José. Es guardia urbano. Me dijo que, como yo, amaba a Marc Márquez y que, simplemente, quería saludarme. Intercambiamos nuestros móviles y nos citamos a desayunar a los dos días.

José llegó al bar donde desayunamos con su mochila repleeeeeeta de carteras. Y me contó su vida. Se levanta a las cinco de la mañana, va al gimnasio y cada día, a primerísima hora de la mañana, baja al metro con otro compañero/a a atrapar ladrones, carteristas. Siempre son los mismos. Los conocen. Los atrapan. Les cogen las carteras (ya sin dinero), los detienen y, a las doce, hacen un alto en su trabajo, suben a la superficie y se va a los juzgados para testificar contra los ladrones que detuvieron la semana anterior. Esos 'pájaros' no solo salen libres del juicio (“la ley va en contra nuestra, de todos, jamás les pasa nada”) sino que, cuando se cruzan con ellos, de salida, en la puerta de los juzgados, se despiden diciéndoles “nos vemos mañana”. En el metro, claro.

Del éxito al fracaso

José está cansado de perder, pero sigue trabajando como un jabato. “Pillamos a pocos, Emilio. Barcelona es una jungla de ladronzuelos. No me extraña que le hayan robado la mochila de Sebastian Vettel”. José piensa como yo (no como la alcaldesa Ada Colau, que le importa un pimiento la F-1 y MotoGP) y es que después de ofrecer al mundo, pero no al mundo normal, no, al mundo rico, poderoso, de las grandes compañías y empresas, de los ricos de verdad, de los que se han dejado en Barcelona 163 millones de euros en un fin de semana, la mejor imagen posible de nuestra ciudad, todo ese éxito y glamour se ha desvanecido, ensuciado, por ese robo, que es, seguro, uno de los muchos cientos que se producen en la ciudad cada día y que ni Colau ni nadie parece poder evitar.

El mundo ya lo sabe

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Repito, ese mundo de la F-1, al igual que el de MotoGP, es decir, el mundo del Circuit, una de las instalaciones catalanas con mayor prestigio del mundo, atrae a miles de personas con enorme poder adquisitivo y, aunque a la señora Colau no le interesen, dejan mucho dinero en nuestra tierra. Lo malo es que, por incapacidad de los gobernantes, también se dejan (o les roban) sus relojes, sus portátiles, sus móviles y sus mochilas.

Desde este lunes, que lo sepan (lo he leído en todo el mundo), Barcelona se ha convertido ya, para la familia de la F1, en la segunda ciudad menos segura tras Sao Paulo. Todos han leído la noticia de Vettel de mi amigo Guillem Sánchez, uno de los grandes, créanme. Todos saben ya que en Barcelona se corre peligro, mucho peligro.