Artículo de Georgina Higueras Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Dependencia de las tierras raras

En tanto que toda la tecnología militar de Washington se basa en componentes fabricados con estos preciados elementos químicos, se podría decir que EEUU precisa de China para hacer la guerra, lo que agrava la inquina hacia Pekín de los sectores más nacionalistas

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El presidente chino, Xi Jinping, inspecciona una planta de tierras raras.

El presidente chino, Xi Jinping, inspecciona una planta de tierras raras.

Ni son tierras, ni son raras, pero reciben este nombre desde el descubrimiento en el siglo XVIII de estos 17 elementos químicos, ahora fundamentales para la transformación energética y la digitalización, los dos grandes retos de la primera mitad del siglo XXI. El impacto de la pandemia, de la guerra en Ucrania y de la creciente hostilidad entre Estados Unidos y China ha desatado la competición por estos materiales estratégicos básicos para los fabricantes de hardware y punta de lanza de la lucha por la primacía tecnológica mundial. Su precio se multiplicado por tres en dos años.

Las tierras raras no se encuentran en altas concentraciones en la naturaleza, como el oro o la pirita, sino que forman parte de rocas y su extracción requiere un proceso muy complejo y agresivo. Se obtienen mediante el uso de disolventes orgánicos o bien por separación magnética o con temperaturas de mil grados.

China, que alberga casi el 37% de las reservas mundiales de este oro geopolítico, es el único país que tiene una cadena de suministro completa, desde la minería hasta el refino y procesamiento. Domina todo el proceso de extracción desde que, en la década de 1980, EEUU lo dejó en sus manos por las facilidades que ofrecían los fuertes subsidios estatales chinos y una legislación medioambiental más laxa. En 2021, controlaba el 55% de la capacidad de producción global y el 85% del refino. 

El proyecto Manhattan, para la fabricación de las dos bombas atómicas lanzadas por EEUU contra Japón, abrió la puerta a la separación de las tierras raras, elementos esenciales de todos los avances militares posteriores. Sirven en los sistemas de guía y control de misiles y bombas; en aviones, submarinos, buques, tanques y drones, en los radares y para la actual y futura guerra electrónica. 

En tanto que toda la tecnología militar de Washington se basa en componentes fabricados con tierras raras, se podría decir que EEUU precisa de China para hacer la guerra, lo que agrava la inquina hacia Pekín de los sectores más nacionalistas, que abominan de esta dependencia. En los últimos años, proyectos de ley e iniciativas gubernamentales estadounidenses han tratado de reconstruir una cadena propia de suministro de tierras raras pero, pese a los esfuerzos, se encuentran a años de distancia.

En 2021 Pekín dio un importante paso para establecerse como fuerza global en este sector estratégico y responder a cualquier desafío externo. Fusionó en una nueva empresa bajo el regulador estatal de activos a algunos de los principales productores y desarrolladores de tecnología de tierras raras de China. Entre ellos, Aluminium Corporation of China, China Minmetals y Ganzhou Rare Earth Group.

Las tierras raras recibieron un fuerte impulso en la década de 1960 con la invención de los televisores en color. Los dos elementos más usados y básicos para la fabricación de imanes son el neodimio, clave para motores y turbinas eólicas (49%) y el praseodimio (20%). La mitad de la producción de tierras raras se dedica a imanes y catálisis y las que generan mayores ganancias son las usadas en imanes y luminiscentes (Laser, LED, pantallas LCD).

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Aunque son fundamentales para impulsar las energías renovables, piedra angular de la lucha contra el cambio climático, su extracción es muy controvertida, porque suelen tener como impureza un elemento radiactivo, el torio, que no se sabe cómo afecta a las personas y al medio ambiente del entorno. Así, la Plataforma Sí a la Tierra Viva logró en 2017 que la Junta de Castilla-La Mancha rechazara los proyectos de Quantum Minería por inviabilidad ambiental, lo que ratificó en 2021 el Tribunal Superior de Justicia autonómico. De igual manera, los 12.000 habitantes de Narsaq, en el sur de Groenlandia, lograron el pasado enero tumbar el proyecto minero de Kvanefjeld, uno de los mayores yacimientos del mundo de tierras raras sin explotar fuera de China.

Vietnam y Brasil tienen cada uno el 18% de las reservas mundiales, aunque los que más han incrementado la producción son Rusia y Australia. En China, pese a que en 2021 aumentó la extracción el 20% con respecto al año anterior, su producción ha caído del 86% mundial en 2014 al 58,3% el año pasado, mientras que su consumo, debido a la industria electrónica y tecnológica ronda el 70%. La batalla por las tierras raras está más en auge que nunca y se alza como un factor decisivo en la pugna entre Pekín y Washington por la hegemonía mundial

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