Opinión |
La campaña militar (29) | Análisis de Jesús A. Núñez Villaverde

Análisis de la campaña militar | Se acumulan las malas noticias para Rusia

Por un lado, sus avances en el campo de batalla son mínimos, mientras que, por otro, los reveses militares y políticos son cada vez más visibles

Desolación en una calle de la ciudad de Járkov, tras los ataques del Ejército ruso.

Desolación en una calle de la ciudad de Járkov, tras los ataques del Ejército ruso. / MARC MARGINEDAS

Jesús A. Núñez Villaverde

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Con el paso de los días se van acumulando las malas noticas para Rusia. Sin que ello quiera decir que Moscú ya ha perdido la guerra, es un hecho que, por un lado, sus avances en el campo de batalla son mínimos, mientras que, por otro, los reveses militares y políticos son cada vez más visibles.

En el terreno militar ahí está el inocultable retroceso que están sufriendo las unidades rusas desplegadas en torno a Járkov, la segunda ciudad del país. El problema no es solo que no hayan logrado conquistarla en ningún momento, tras semanas de asedio y ataques artilleros, sino que han tenido que levantar el cerco y retroceder a la carrera para evitar verse embolsadas por el contraataque ucraniano. De hecho, se ha confirmado que finalmente han cruzado ya la frontera entre ambos países, escapando a su posible aniquilación. Es cierto que Járkov no es parte del Donbás- objetivo principal de la ofensiva rusa en la actualidad-, y que, por tanto, su conquista podía entenderse como un acto simbólico y una posible baza de negociación futura a cambio de algún otro territorio que pudiera interesar realmente a Moscú; pero eso no quita para considerarlo como una derrota que tiene efectos tanto en la moral de las tropas invasoras como en su imagen internacional.

Lo mismo cabe decir del desastre cosechado en el intento de cruzar el río Donetsk, estableciendo una cabeza de puente en su orilla occidental, mediante una operación de unidades blindadas con apoyo de pontoneros para cruzar por varios puntos. Aunque inicialmente llegaron a poner sus pies en dicha orilla, el hecho es que las imágenes difundidas dos días después muestran una destrucción generalizada de los puentes y de vehículos de todo tipo, sin que allí quede ahora ninguna presencia rusa. Un indicio más de las enormes dificultades que se le presentan a Rusia para llevar a cabo la operación prevista inicialmente de envolver al Donbás con dos ataques simultáneos, desde el norte y el sur que, idealmente, deberían confluir en Dnipro, en las orillas del Dnieper. En otras palabras, la conquista del Donbás no parece hoy al alcance de las tropas rusas.

En el terreno político las señales son igualmente negativas. Sirva de ejemplo el fracasado intento de llevar a cabo un referéndum en el Oblast de Jersón. Ocupada por Rusia prácticamente desde el principio de la invasión, el plan inicial parecía consistir en convocar una consulta para proclamar una nueva república popular independiente, al estilo de lo que ya organizó Moscú en Donetsk y Lugansk. Finalmente todo indica que, ante la extrema debilidad de las marionetas locales que Moscú ha podido imponer en su capital y la animadversión generalizada de su población, la decisión final apunta a la publicación de un decreto por parte de esas autoridades provisionales de anexión a Rusia, sumándose así a lo ocurrido en su día en Crimea.

Por último, la emisión de un comunicado conjunto, por parte del presidente y la primera ministra de Finlandia, sobre la posible entrada en la OTAN, con el añadido inminente de Suecia, supone un giro histórico en la seguridad europea y una clara muestra de la muy negativa percepción que Rusia tiene en su vecindad más inmediata. Con su aventurerismo militar no solo ha conseguido romper el tradicional no alineamiento de Helsinki y Estocolmo, sino también reforzar a una OTAN que parecía ensimismada en sus propias fracturas.

Nada es definitivo, todavía; pero las tornas parecen estar cambiando, y no precisamente a favor de Rusia ni, menos aún, de Putin.

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