Opinión

Mónica Marchante

La inmoralidad no prescribe

Santiso se arrepiente y pide perdón por una "broma machista imperdonable"

Santiso se arrepiente y pide perdón por una "broma machista imperdonable" / EFE

Es intolerable. Que Carlos Santiso siga siendo entrenador del Rayo femenino sitúa cuál es la consideración real de las autoridades del deporte español hacia las mujeres deportistas. Desde el presidente del Rayo al Comité de ética de la RFEF y el CSD. Aquí sobran las condenas verbales, hay que actuar sin permisividad.

Recordemos los hechos. Unos audios revelados por Antena 3 destapan la forma en la que este individuo motivaba a sus ayudantes hace 4 años, mientras entrenaba al infantil de Vallecas:"Este staff es increíble, pero nos faltan cosas.Nos falta que cojamos a una, pero que sea mayor de edad para no meternos en jaris y cargárnosla todos juntos. Eso es lo que une a un cuerpo técnico y a un equipo. Mira los de la Arandina, que iban directos al ascenso. Buen domingo, chavales".

El autor de semejante barbaridad ha pedido perdón por lo que califica como una “broma machista imperdonable” descartando a la vez su dimisión.

Pues no, Carlos. Incitar a una violación grupal no es ninguna broma, y mencionar como referente un comportamiento condenado por un juez como abuso sexual a una joven de 15 años es muy grave e inaceptable en un entrenador.

Oportunidad perdida

El hecho de que haya prescrito será solo una argucia legal para quienes quieran lavarse las manos, pero ética y moralmente esto no prescribe.

¡Qué oportunidad pierde el Comité de Ética de la RFEF de mostrar su razón de ser si no actúa de forma contundente en este asunto tan desagradable e inaceptable!

Faltaba la salida de Martín Presa “aquí se fichan profesionales y no personas”. Hay frases tan gordas que no hace falta ni comentar, ahí está todo explicado. 

En el futbol español se sanciona a un entrenador que reclama airadamente una falta gritando “ha sido falta, ha sido falta” agitando los brazos. Dos partidos le cayeron a Quique Sánchez Flores. Se sanciona a los clubs por cánticos ofensivos de sus aficiones cada domingo.Se cierran gradas. Pero se permite entrenar a un tipo que incita a la violación grupal.

¿Se le permitiría esto a un entrenador de la Liga Santander, por ejemplo? La respuesta es nunca.Y haríamos bien. Por la misma razón no se debe permitir que alguien que gasta estas “bromas”dirija a un colectivo. Sea de hombres o de mujeres.