APUNTE

Un progreso lento

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Xavi Hernández, en el banquillo.

Xavi Hernández, en el banquillo. / VALENTI ENRICH

Johan Cruyff dejó para su rico lapidario una de esas frases vehementes en que, condensada, se afirmaba que todo el mundo sabe ver cuándo un equipo juega mal, pocos saben explicar por qué es así y aún menos tienen idea de lo que debe hacerse para jugar mejor. En esta última privilegiada categoría deben figurar los entrenadores, y el del Barça aún más, para nada los que formamos parte de la poblada industria de la opinión azulgrana, que acostumbramos a limitarnos a señalar lo primero. Y sí, el Barça volvió ayer a jugar mal, en particular en la primera parte. Función cumplida. Ahora bien, ¿cumplió Xavi con la suya? ¿Supo que los barcelonistas se desenvolviesen mejor ante un equipo que pinta a descenso? Pues psé, sería la respuesta. Hubo una ligera mejoría en la segunda parte, pero en general la actuación fue sumamente mediocre.

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Puede que nos precipitáramos tras la dulce eliminación de la Supercopa ante el Madrid cuando anunciamos un cambio de etapa, un futuro soleado. Nos precipitamos, a no ser que entendamos que el progreso, como las causas nobles de la historia, nunca se consigue en línea recta sino que encuentra curvas, y a veces hasta retrocesos. En Vitoria quedó la impresión de experimentarse uno de esos pasos atrás, aunque la victoria alegró los ánimos de los de dentro. Xavi confesó que en el vestuario se festejó como un campeonato. Prueba de la precariedad general, pero está bien, siempre se encara mejor el futuro cuando se está contento.

Cabe esperar más

Era evidente que a Xavi le urgía el triunfo y no hubo más demostración de esa ansiedad que la entrada de Lenglet al final para amarrar el resultado. Koeman nos enviaba saludos con esa sustitución. Cabe aceptar que sus grandes ideas tienen dificultad de aplicación por el nivel de la plantilla. Difícilmente alguno de los titulares jugaría de salida en el City, el PSG o el Madrid, pero son internacionales y los del Alavés, aún no. Cabe esperar más de todos. De Xavi también. No toca vociferar decepción aún, pero tampoco vitorear nada. Esto va más lento de lo esperado. Paciencia, pues.