APUNTE

Paco Gento y el abuelo Jesús

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 Francisco Gento, exjugador del Real Madrid en 2016

 Francisco Gento, exjugador del Real Madrid en 2016 / EFE/Fernando Alvarado

Yo jamás he pagado una entrada para ver un partido de fútbol. Cuando era niño, muy niño, me colaba papá por la puerta de vestuarios cuando llegaba, en manada, con los fotógrafos, tanto a Sarrià como al Camp Nou. Entraba cogido de su mano, a veces disimulando, cargando con su Leica, camuflado entre papá Campañà, Nicolas González y el tío Kike.

No tenía ni 10 años. Salía al césped por la boca de vestuarios como los futbolistas, saltaba la vallita de madera de Sarrià e iba al encuentro de mi abuelo materno, Jesús Arribas, que siempre me guardaba un asiento a su lado en la tribuna principal, junto al corner de General Mitre. Y así veía todos los partidos del Español. En el Camp Nou, era más difícil colarme.

Árbitro de los grandes

Y es que el abuelo Jesús, no solo había sido de joven jugador del Espanyol, no solo murió, en el año 1990, siendo el socio nº 2 del club blanquiazul, sino que fue uno de los árbitros más importantes de España entre 1929 y 1948, dirigiendo tres finales de Copa (1931, 1933 y 1939). Eso sí, el abuelo era la discreción personificada. Nunca un grito, jamás un gesto feo, siempre consejos serenos y una pulcritud en todas sus actitudes exquisita.

Así le contaba esta mañana a mi amigo Alfredo Relaño cómo vi jugar en Sarrià más de una vez al gran Paco Gento, del que los que ahora escriben de fútbol, alardean en twitter y protagonizan tertulias interminables en ‘twitch’, jamás habían oído hablar, ni sabían quien era.

Se ha muerto uno de los nuestros, de aquellos que nos hicieron escribir grandes historias y, de la misma manera que nosotros ya estamos casi desaparecidos de nuestro mundo, de nuestra amada profesión, ahogados por las nuevas tecnologías, redes y el periodismo que dura 12 minutos, ellos, los grandes, los auténticos, los veloces, los extremos de verdad, los que levantaban al público de sus localidades, van dejando hueco a los Vinicius Júnior, futbolistas de PlayStation.

El ojo de Di Stéfano

Me recordaba Relaño que el primer año de Gento en el Madrid fue idéntico al de ‘Vini’. Santiago Bernabéu le quería despedir y Alfredo Di Stéfano le dijo: «¡Ni hablar, presidente!, Gento tiene velocidad y le pega al balón como si tuviese un cañón en su pierna izquierda. Eso no se aprende, se trae. Lo demás se lo podemos enseñar».

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Cuentan que, antes de cada partido, la 'Saeta Rubia' siempre le preguntaba en el vestuario a Gento cómo estaba, segundos antes de salir al campo. Y Gento simulaba una carrera sobre un palmo de cemento del vestuario, sin avanzar, sin moverse del sitio, repicando los tacos de sus botas como si fuese un sonoro baile de claqué y acababa guiñándole un ojo a su amigo, que cerraba la escena con un: "Paco está bien, ya podemos salir".

Y, claro, Gento acabó siendo el mayor coleccionista de títulos de la ‘Casa Blanca’.

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