Hallazgo científico
Miquel Coll

Miquel Coll

Investigador del IRB Barcelona y el IBMB-CSIC.

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El virus de la enfermedad del beso y la esclerosis múltiple

Un estudio publicado en la revista 'Science' ha conducido a un resultado impactante: en todos los casos de esclerosis múltiple hay una infección previa por el virus Epstein-Barr

Virus Epstein-Barr visualizado por microscopía electrónica (PDB 7BSI).

Virus Epstein-Barr visualizado por microscopía electrónica (PDB 7BSI). / IRB Barcleona

En el antiguo cementerio de Poble Nou, en Barcelona, hay una escultura de mármol inquietante. Muestra a un joven que languidece en brazos de la muerte, que le da un beso. 

La esclerosis múltiple es una enfermedad devastadora del sistema nervioso central. Los nervios, como cables eléctricos, están recubiertos de una vaina protectora de mielina. En la enfermedad, esta vaina se inflama y se destruye y los nervios dejan de transmitir las señales que precisamos para mover piernas y brazos, para caminar. La enfermedad tiene múltiples formas y puede manifestarse en todo tipo de síntomas neurológicos. En algunos casos, la enfermedad consiste en brotes recurrentes, con periodos de normalidad. En otros, la degradación es continua, hasta la incapacitación total. La esclerosis múltiple no tiene cura, podemos paliar algunos síntomas pero la enfermedad no desaparece, se cronifica o progresa irremediablemente. 

Se trata de una enfermedad autoinmune, es nuestro propio sistema inmunitario el que ataca la mielina. ¿Por qué? Hasta ahora se desconocía. Un estudio publicado en la revista 'Science' la semana pasada, analizando 10 millones de muestras de militares norteamericanos, ha conducido a un resultado impactante: en todos los casos de esclerosis múltiple hay una infección previa por el virus Epstein-Barr. Todo apunta a que este virus causa la reacción autoinmune. 

El virus Epstein-Barr es un viejo conocido. Fue descubierto en 1964 por Yvonne Barr, una estudiante de doctorado irlandesa que investigaba bajo la supervisión de Anthony Epstein en el Hospital Middlesex, en Londres. Fue el primer virus que se demostró que causaba cáncer, linfomas y carcinomas nasofaríngeos. Pero el virus es popular por causar la enfermedad del beso, cuyo nombre científico es mononucleosis infecciosa, típica de adolescentes. El virus se transmite por la saliva. En los niños la enfermedad es muy suave, en adolescentes y jóvenes los síntomas son parecidos a otras infecciones víricas, dolor de cabeza, fiebre, fatiga. Ahora, a la lista de miserias causadas por este virus hay que añadir la esclerosis múltiple.

Epstein-Barr es un virus herpes, como los que causan las pupas en los labios o la varicela. Los herpes son virus grandes y complejos, mucho más que un coronavirus. Su material genético, donde están las instrucciones para que funcione, es ADN y tiene 85 genes: instrucciones para sintetizar 85 proteínas que utilizará para neutralizar la célula infectada, esconderse, replicarse, formar una cápside (una caja para guardar el ADN y viajar), reventar la célula infectada y, finalmente, infectar a otras. El pobre coronavirus en cambio solo tiene una quincena de genes, codificados en ARN. Pequeño o grande, ya sabemos el daño que uno y otro pueden hacer. 

El virus Epstein-Barr se esconde, queda latente como un episoma, un circulo de ADN en la célula infectada que no lo detecta, ni elimina. Puede estar así largo tiempo -años- sin actuar, hasta que por alguna razón se dispara. Es lo mismo que ocurre con el virus de la varicela que de mayores nos puede causar 'herpes zoster', o el 'herpes simplex' de las pupas labiales que aparecen en situaciones de estrés o fiebre. Pero el virus estaba ahí, escondido, esperando. Y no se va. 

En realidad los virus herpes están muy evolucionados, están con nosotros desde antes de ser verdaderamente humanos, hace 1,6 millones de años nos los pasó un ancestro del chimpancé. En tanto tiempo han podido adaptarse, no matarnos (normalmente) y conseguir infectar a todo el mundo. Porque, al final, el 90% de los adultos hemos estado en algún momento infectados, la gran mayoría sin efectos graves. 

Encontrar la causa de la esclerosis múltiple es una buena noticia. Abre una puerta a combatir la enfermedad, eliminando el virus que la causa. ¿Cómo? Una forma es desarrollar una vacuna. Aunque para 'herpes simplex' no se ha conseguido, sí que hay una vacuna contra la varicela. Y es muy eficaz. Otra alternativa son los antivirales, fármacos que inhiban alguna de las proteínas esenciales del virus. Tardarán algún tiempo, pero llegarán. Para eso investigamos.

Lo que desde luego no vamos a hacer los humanos es dejar de darnos besos.