En clave europea

El tablero de seguridad europeo

La UE, que se encuentra en primera línea, debe impulsar una solución paneuropea de seguridad para la crisis de Ucrania tras las fallidas negociaciones de las que fue excluida y teniendo en cuenta los errores occidentales en la gestión de la posguerra fría.

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El presidente ruso, Vladimir Putin.

El presidente ruso, Vladimir Putin. / MIKHAIL METZEL / EFE

Tres décadas después del fin de la Guerra Fría, “existe un riesgo real de un conflicto armado en Europa”, afirma el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg. Europa afronta la mayor amenaza de estabilidad desde 1990 con 100.000 soldados rusos en la frontera de Ucrania. Pero la Unión Europea (UE), directamente afectada por la escalada del conflicto, ha quedado marginada de las fallidas negociaciones de esta semana EEUU-Rusia, OTAN-Rusia y en la Organización de Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE).

¿Cómo se ha llegado a esta situación? Destacados historiadores y teóricos de las relaciones internacionales estiman que las crecientes tensiones de los últimos años entre Rusia y la OTAN son consecuencia de la pésima gestión occidental de la posguerra fría. Odd Arne Westad en su libro La Guerra Fría concluye que “Occidente debería haberse ocupado de Rusia mejor de lo que lo hizo” y que debería haber integrado a Rusia “en los acuerdos comerciales y de seguridad europeos”. Pero se la dejó “marginada”, “fuera de los procesos de integración económica y militar”.

La historiadora norteamericana Mary Elise Sarotte, autora de 1989 y The Collapse, considera que “a propósito, Rusia fue dejada en la periferia posguerra fría”, que la ampliación de la OTAN solo desplazó la línea divisoria de la Guerra Fría y que sin esa ampliación prematura podría haberse logrado una cooperación sostenida de Rusia y una evolución política interna rusa más positiva. En lugar de la promesa de 1990 del secretario de Estado norteamericano, James Baker, de que la OTAN no se ampliaría “ni una pulgada” al este de Alemania (como consta en los documentos de EEUU), la OTAN llega a poco más de un centenar de kilómetros de San Petersburgo. Por ello, Moscú reclama ahora un tratado formal que excluya a Ucrania en la OTAN y que los aliados rechazan por “inaceptable”.

Responsabilidades de la crisis

Dos de los principales teóricos norteamericanos de relaciones internacionales, John Ikenberry y Daniel Deudney, señalaron que EEUU, Europa y la OTAN “han renegado esencialmente de partes clave del acuerdo negociado” que puso fin a la Guerra Fría. Ambos recordaron que la URSS no fue derrotada militarmente, sino que decidió “retirarse voluntariamente de Alemania y Europa Oriental” con el compromiso de que Occidente no aprovecharía ese repliegue “para amenazar sus intereses de seguridad esenciales”. Ikenberry y Deudney destacaron que EEUU, Europa y la OTAN han desarrollado una política contraria a los principios que permitieron resolver pacíficamente la Guerra Fría, comportándose como si “Rusia ya no contara” y “pudieran hacer lo que quisieran”.

Otra de las primeras figuras norteamericanas en relaciones internacionales, John J. Mearsheimer, estima que “la mayor parte de la responsabilidad de la crisis” de Ucrania corresponde a la ampliación de la OTAN y la política de EEUU y sus aliados europeos. Stephen M. Walt, otro prominente teórico norteamericano, señaló en su libro The Hell of Good Intentions, que sin la ampliación de la OTAN se habría podido integrar a Rusia en un marco paneuropeo de seguridad, no se habrían exacerbado los temores de seguridad rusos y se habría evitado el conflicto de Ucrania. Las predicciones del diplomático e historiador norteamericano George F. Kennan de 1997 sobre el “fatídico error” de ampliar la OTAN se han cumplido: la naciente democracia rusa ha degenerado en un régimen autoritario, hay nuevas líneas divisorias en Europa y la política rusa es de confrontación.

Promesas occidentales

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En 2007, en la Conferencia de Seguridad de Múnich, el presidente ruso, Vladimir Putin, efectuó una dura diatriba contra el incumplimiento de las promesas occidentales y el ninguneo de Rusia. Los líderes de la OTAN descalificaron su intervención y respondieron al año siguiente prometiendo formalmente el ingreso a Ucrania y Georgia. Incluso dos halcones norteamericanos de la Guerra Fría como los exconsejeros de Seguridad Nacional Henry Kissinger y Zbigniew Brzezinski, ya avisaron que el ingreso de Ucrania en la OTAN era incompatible con la estabilidad en Europa.

La UE debería promover un marco de seguridad paneuropeo compatible con la OTAN en el que Rusia se sienta segura. Pierre Vimont, exsecretario general del Servicio de Acción Exterior Europeo, subrayaba estos días que es más urgente que nunca “repensar el sistema europeo de seguridad” y maximizar la vía diplomática para resolver las actuales tensiones, saliendo de la “prolongada pasividad que han caracterizado las conversaciones estratégicas en los últimos 15 años”.