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Regreso a los años 70

Durante el primer trimestre del próximo año podemos ver un aumento de la inflación como no hemos visto desde los 'shocks' del petróleo

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Contenedores de mercancías en el muelle de descarga del Puerto de Barcelona, en una imagen de archivo.

Contenedores de mercancías en el muelle de descarga del Puerto de Barcelona, en una imagen de archivo. / David Zorrakino / Europa Press

Las señales que va dando la economía no son demasiado prometedoras. Aunque desde la administración nos digan que la economía crece (y que, por tanto, debemos estar contentos porque irá bien) y aunque desde Caixabank nos digan que el nivel de consumo actual es muy superior al del año 2019 antes de la pandemia, las nubes que se ven en la economía son muy negras, a punto de tormenta.

En otros artículos he ido explicando el desorden que se ha generado en la economía mundial a raíz del parón de la pandemia. Detener la producción y el consumo obliga a muchos actores económicos a buscarse la vida, cambiar de escenario, hacer cosas alternativas para poder sobrevivir. Este hecho y el derrumbe del tráfico marítimo han detenido de golpe la globalización, haciendo que muchos productos no puedan ir de un sitio a otro con la facilidad con que lo hacían y tener que fabricar más cerca, aumentando los precios. De repente las ventajas de la globalización, con la caída de precios que comportó, se desvanecen. De golpe, la economía mundial debe reinventarse en pocos meses.

A esto hay que añadir la crisis del gas, debida a una no previsión del aumento del consumo cuando todo el mundo deje de consumir carbón. El aumento del gas afecta a un sistema eléctrico que todavía está empezando la transición energética y lo necesita más que nunca para equilibrar el sistema durante muchas horas al año. Ahora el sistema es más variable que antes porque, al hecho de la variación de la demanda, hay que añadir la variación de la generación renovable, todavía a medias.

Sumamos finalmente que el modelo de la economía mundial mostraba signos de agotamiento, con los bancos centrales inyectando liquidez al sistema para que no pare de crecer: sin el 'Quantitative Easing' continuado las economías del mundo entrarían en recesión, una muestra de que el sistema está agotado. La economía mundial está enferma, no sabe vivir sin ser dopada. La deuda española ya está al 120% y alguien habla de que llegará al 190%, algo que hoy parece completamente imposible sin que reviente.

Con todo esto, el resultado ha sido un aumento de la inflación en noviembre del 5,6%. Pero los precios industriales han acumulado desde primeros de año un crecimiento del 32%, aumentos que se trasladarán al consumidor en el primer trimestre del próximo año. La inflación actual es fruto del encarecimiento de la electricidad doméstica y de la gasolina, pero los productos industriales al consumidor no han subido todavía porque los distribuidores obligan a los fabricantes a mantener los precios estables durante el año. Debido a esto, muchos productores aseguran los precios de sus materias primas y energéticos durante el mismo periodo, normalmente en el año natural. Así que, en el mes de enero, estos fabricantes tendrán que trasladar los aumentos de sus costes a los precios de los productos, repercutiendo aumentos del 50 al 70% en materias primas, un 100% en el gas y un 300% en la electricidad. En muchos casos, los aumentos tendrán que ser del 50% sobre el producto final. Lo mismo ocurrirá con muchos precios eléctricos domésticos que ciertas comercializadoras tenían asegurados a precio fijo, con aumentos del 300%. El transporte también va diciendo que quiere subir precios. Así que, durante el primer trimestre del próximo año, podemos ver un aumento de la inflación como no hemos visto desde los 'shocks' del petróleo de 1970. A partir del primer 'shock' petrolero, de 1973, la inflación subió al 17,9%, y el impulso del segundo alcanzó el 26,4%, haciendo que hubiera 11 años consecutivos con inflaciones superiores al 10%, que es el valor que podemos ver en pocos meses. En España el impacto fue grave porque, además, existía el cambio del régimen de Franco y las medidas económicas no fueron rápidas ni adecuadas, con muchos problemas por resolver.

La situación tiene un cierto aroma a la de entonces. Cualquier episodio de inflación exige un control del regulador, sacando dinero del sistema y subiendo los tipos de interés para enfriar la economía. El gobernador del Banco de España ya ha avisado de que si se entra en una espiral inflacionista, con un aumento de los salarios para compensar la subida de precios, el resultado será fatal porque tendrán que subir los tipos de interés y la deuda pública no podrá aguantar este nuevo gasto.

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Este es el escenario que tenemos ante nosotros. Hay que saber que la situación en los años 70 se resolvió durante los años 80 sufriendo, con una importante mortalidad de empresas y resolviéndolo con menos consumo de petróleo. La economía mundial se ha especializado en esconder parte de las acciones que hay que realizar en base a un mayor endeudamiento: así los consumidores no deben sufrir ninguna restricción. Pero la economía es implacable, dos y dos siguen sumando cuatro aunque temporalmente hayas cambiado la base de cálculo. Hoy el mundo ya no tiene más recorrido con la deuda y habrá que disminuir el consumo de energía y de todos los productos.

Estos días el precio de la electricidad en Francia se moverá en torno a los 550 €/MWh y en España quizá sea de 300 €/MWh. Posiblemente, con la llegada de la primavera, los precios bajen a la mitad, pero quedarán a un nivel todavía entre el doble y el triple de lo que tenían antes de la pandemia, por lo que habrá que reorganizar la forma en que consumimos en la economía. Es un inicio algo feo de la nueva economía frugal. Pero, ¿qué creíamos, que haríamos el camino de forma voluntaria y sin esfuerzo? Nunca ha sido así, y los hombres nos movemos forzados por ciertas circunstancias que deben ser las que deberían derivarse de la política. Pero si la política no hace nada, porque no quiere o no sabe, la economía interpreta a su modo y muestra escenarios difíciles. Harán bien en revisar cómo vivíamos en los años 70, reciclando más, comprando menos, viajando cerca, disfrutando más de ocio local, estando mucho más con los amigos. También se es feliz así, seguramente mucho más, lo recuerdo.