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El acceso a la formación en edades avanzadas ayuda a tener un envejecimiento positivo y activo, contribuye a mantener la salud mental y alarga la esperanza de vida

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Dentro de una década, una de cada dos personas que nos crucemos por la calle tendrá más de 50 años. La poca natalidad y la creciente longevidad en los países occidentales obligaran a generar nuevos servicios y políticas en torno a lo que se conoce con el nombre de ‘economía plateaday que se dirige a las personas con pelo blanco. A pesar de que nos repetimos aquello de que los 60 son los nuevos 50, los 70 los nuevos 60... y aunque los 110 se conviertan en los nuevos 100, la estadística es implacable y muestra que, a mayor edad, más probabilidad de enfermedades crónicas, pérdida de habilidades físicas o psíquicas o muerte de familiares y amistades, por lo que mantener la calidad de vida a medida que avanza la edad será uno de los retos principales de las sociedades occidentales. Por todo ello, es bueno conocer aquellas actividades que ayuden a tener un envejecimiento positivo y activo, ya sea para incorporarlas por iniciativa individual como para que las instituciones impulsen medidas públicas. Los componentes más conocidos de una vida saludable son el amor, el ejercicio y una buena alimentación, pero existe una variable más, quizás menos visible, con un impacto muy positivo: el acceso a la formación a lo largo de la vida.

En Catalunya ya existe un abanico amplio de posibilidades de formación para personas mayores. El más cercano y asequible son programas en ciudades y pueblos organizados en las llamadas Afopas (agrupación de aulas de formación permanente para la gente mayor de Catalunya). La mayoría de ayuntamientos suelen ceder espacios para realizar estas actividades, lo que permite una cuota asequible a los miembros. Las temáticas preferidas suelen ser de carácter histórico, de biografías de artistas o políticos de la misma generación, pero también temas de actualidad como la protección ante las noticias falsas, el testamento vital o desarrollos científicos como la eficacia de las vacunas del covid.

La siguiente opción de formación, para los más atrevidos, es acercarse hasta los campus universitarios y, bien entrar en asignaturas específicamente diseñadas para personas mayores, bien mezclarse con los y las jóvenes y aprender lo mismo. Aunque no abundan, existen espacios en que se producen relaciones intergeneracionales en las que se adopta un rol de igual a igual. En estas clases se pueden encontrar estudiantes de 20 años con estudiantes de 65 realizando una práctica de programación con Phyton o escribiendo un trabajo sobre el desarrollo de la cultura griega clásica, y seguro que supone un reto para los jóvenes trabajar con 'boomers' y viceversa. Cabe puntualizar que los séniores se han ganado el derecho a elegir su grado de implicación, desde estar de oyentes en la clase hasta examinarse para superar la evaluación. 

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Un informe reciente realizado por la Xarxa Vives d'Universitats sobre la universidad sénior constata que 6 de cada 100 estudiantes universitarios tienen más de 50 años, y que la mayoría son mujeres. A nivel universitario, las mujeres jóvenes ya son mayoría desde hace años, aunque con muchas desigualdades en función de las temáticas. En la universidad sénior se reproduce el mismo patrón, pero con más intensidad debido por lo menos a dos factores: por un lado, la mayor longevidad de las mujeres respecto a los hombres y, por otro, el ansia de satisfacer un antiguo anhelo de no haber podido cursar estudios universitarios durante la juventud, ya sea por obligaciones familiares o por estereotipos que las vincularon a una determinada trayectoria profesional o personal. De las personas con un nivel de estudios primarios que se acercan a estas formaciones, el 70% son mujeres, y son ellas las que reportan un nivel de satisfacción más elevado con esta actividad.

Las personas que participan de estas actividades tienen una percepción muy positiva de lo que supone envejecer, la disponibilidad de tiempo libre se asocia a oportunidades de aprendizaje, de creación de nuevas relaciones sociales, lo que ayuda a mantener la salud mental, disminuye la probabilidad de caer en depresión, y alarga la esperanza de vida. Una pequeña inversión en educación en el momento adecuado supone un ahorro a largo plazo en salud.