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Echar a Koeman

El técnico holandés no es el responsable de debacle alguna, y cabe recordar que no estaba en el banquillo cuando las peores noches del Barça en Europa

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Ronald Koeman.

Ronald Koeman. / CRISTINA QUICLER (AFP)

El barcelonismo anda sumido en la impotencia del quiero y no puedo. Y ante la necesidad de buscar un chivo expiatorio se tambalea la cabeza de Ronald Koeman, el héroe de Wembley.

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Laporta no lo echó tras asumir el mando pese a haber insinuado repetidamente que no confiaba en él para levantar al Barça. No estaban las arcas para más sobresaltos y tampoco hay cola para venir hoy a entrenar a un Barça decadente.

Koeman no es el responsable de debacle alguna. No estaba cuando la Juventus pateó el trasero del Barça de Luis Enrique luego de la espectacular remontada ante el PSG. Algo ocurría ya en ese 2017. El mismo Barça que logró el mejor triplete de la historia, dos años atrás, se mostró como un juguete en la ida, salió con un 4-0 de París. Remontó en el Camp Nou, en una noche mágica y con un Neymar imperial, pero sus lagunas en campo ajeno empezaban a ser un hecho que solo ha ido a más.

Tras ese fiasco, la Roma echó con estrépito al Barça de Valverde de la Champions. Otra decepción, un año más.

Tampoco estaba Koeman cuando Messi y 10 más malograron en Liverpool una renta neta de tres goles. Bochornosa actuación. Menos aún cuando en Lisboa le endosaron al Barça de Setién la friolera de ocho goles. Y pudieron ser más. Ese día hasta Coutinho se atrevió a perforar por partida doble la portería defendida por un Ter Stegen que pese a todo fue, con mucho, el mejor. Como en el resto de ocasiones, Messi estaba en el campo. Aunque su aportación fue nula o peor.

Y pese a las palizas recibidas en la Champions, Bartomeu siguió premiando al alza las fichas de esos jugadores que se arrastraban por Europa ofreciendo su peor versión. Cada nueva paliza fue saludada con el incremento de las fichas de los jugadores. Como si se tratara de pagar más para que corrieran más, de locos.

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En el último año de Messi, afortunadamente, Mbappé enseñó al Camp Nou quién era la élite y quien vivía de renta. El repaso del PSC fue antológico.

Y ahora va a resultar que el problema es Koeman. ¡Por el amor de Dios! El problema está en el campo y en las arcas del club. Lo que deja a Laporta sin margen. No hay otra que tener paciencia. Ni el mejor entrenador del mundo levanta esto. Solo puede quemarse ante exigencias imposibles. Este Barça da para ganar al Levante en una buena noche. Para poco más.