Rechazo a la vacunación Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Negacionistas y antivacunas

En la Europa más civilizada, el movimiento contrario a las vacunas ha tomado una altura insospechada, hasta conseguir convocar a centenares de miles de manifestantes en Francia o provocar graves disturbios en Holanda

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Detención de negacionista violento holandés en Gandía.

Como si se tratase de un revival del Celtiberia show, Miguel Bosé y Josep Pàmies aún insistían en su campaña conjunta de risa contra las vacunas del covid-19. 'Trending topics' locales y cuatro majaras de Twitter en parte, la agitación contra las vacunas es entre nosotros del todo inocua. La gente que no se vacuna lo hace esencialmente por egoísmo pero no pretende que su pequeña rebelión personal comporte la más mínima trascendencia social y menos política.

En cambio, en otros países de la Europa más civilizada, el movimiento antivacunas ha tomado una altura insospechada, hasta conseguir convocar a centenares de miles de manifestantes en Francia o provocar graves disturbios en Holanda. Uno de los líderes holandeses del movimiento fue detenido el mes pasado en Valencia bajo la acusación de terrorismo. En Alemania se llegó a formar un partido nuevo y se pusieron en alerta altos organismos que velan por la seguridad del Estado. Estos días, en Italia, donde las manifestaciones también tomaron mucho empuje, ha sido desmantelado un grupo que pretendía organizar una cadena de acciones violentas contra el certificado covid-19. En la otra cara del rotundo y aún poco reconocido éxito europeo en la vacunación, y más allá de los vendedores de humo y los estafadorcillos habituales en busca de incautos, el movimiento antivacunas constituye un auténtico desafío al orden establecido. Solo ha comenzado a arrugarse cuando Emmanuel Macron y Mario Draghi, en un gesto simultáneo de autoridad, han impuesto el pasaporte y dictado severas medidas restrictivas contra los no vacunados.

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Mucha risa, en la vieja e ilustrada Europa sobre el negacionismo americano de la evolución, pero la irracionalidad estrambótica de los argumentos de los negacionistas y los antivacunas choca contra sólidas evidencias empíricas. Con una diferencia, en Estados Unidos, Mike Pence, vicepresidente con Trump, defendió el creacionismo contra Darwin y no pasó nada porque estos despropósitos están integrados y descontados. Pero eso de las vacunas es aún peor, porque los negacionistas americanos envuelven su argumentario en un velo de creencias de larga tradición, arraigadas en la Biblia y defendidas por Roma contra Copérnico y Galileo en pleno siglo XVII, mientras que nuestros antivacunas se aferran al más despreciable de los absurdos. No importa que en todas partes hayan muerto por este virus algunos de sus líderes más conocidos. Han caído en defensa de su causa. ¿Y cuál es la causa? Pues el factor que los conecta en toda Europa es el neofascismo. Se trata de un peligro auténtico, bien alejado del folclorismo hispánico, que no pierde comba y aprovecha cualquier circunstancia para excavar bajo los cimientos del Estado y el orden establecido. Por ello, para derrotarlos, las autoridades han implantado el pasaporte donde se alzaban con peligro para todos en nombre de su libertad. Por eso, ya que Vox no se ha apuntado a esta fiesta, nuestros gobernantes se abstienen de imponerlo y así vamos ejerciendo nuestra libertad con responsabilidad ciudadana.