Teatro Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Al 100%

No entiendo a qué espera el Govern de Catalunya para hacer lo mismo que Madrid y Andalucía y abrir los teatros con el máximo de su ocupación

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Platea del Gran Teatre del Liceu.

Platea del Gran Teatre del Liceu.

Septiembre es mes de vuelta al cole, a la rutina y también de apertura de la temporada teatral. Hace unos días asistí al estreno en la Villarroel de 'Començar', una obra de David Eldrige interpretada por Mar Ulldemolins y David Verdaguer. Llegué con la prisa característica de estos días: ajetreada por la interminable lista de cosas para hacer a la vuelta de vacaciones, el estrés del inicio de curso y el intento fallido de volver a la rutina, que, trabajando por cuenta propia, tampoco no sé muy bien qué significa. Entré en el vestíbulo a la carrera, sacando el móvil para mostrar la entrada electrónica, cuando, de repente, lo vi, y el mundo se paró. Al principio no podía creerlo. “Tiene que ser propaganda” pensé. En el vestíbulo no había ya nadie, la función estaba a punto de empezar. Pero no pude resistir la atracción y me acerqué. No estaba solo. Le acompañaban muchos más, y estaban todos juntos, apilados el uno sobre el otro, ordenados, harmónicos. Entonces lo entendí. No era publicidad. Era algo que no veía desde el 12 de marzo de 2019, cuando cerraron todos los teatros de la ciudad, del país y del mundo. 

Ajena a los timbres de inicio de función, me abalancé sobre ellos. Cogí uno y me embargó una emoción repentina, una mezcla confusa y desconcertante de tristeza, melancolía, esperanza, alegría, rabia… Era un programa de mano. No lo podía creer. Impreso, físico, real, podía tocarlo, podía incluso llevármelo, meterlo en mi bolso y formar parte de ese caos tan añorado de antes de la pandemia, cuando en el bolso se mezclaban los programas de mano de las funciones de las últimas semanas. No era un QR en la butaca de enfrente, ni en una pegatina enganchada en la cristalera de la taquilla. Era un programa de mano de verdad. Y me vino de golpe el dolor de la pandemia, de los muertos, del encierro, de la imposibilidad de trabajar de todos los que amamos y nos dedicamos a las artes escénicas. 

Cuando empecé a ir al teatro, guardaba cada uno de los programas de mano de las obras que veía. El programa de mano es el único documento que queda del montaje teatral, testimonio imprescindible de un arte en esencia efímero. Revisitar los centenares de programas que tengo guardados en cajas es hacer un viaje por el teatro de los noventa, recordar las obras que me marcaron, que me educaron y que hicieron crecer mi pasión por las artes escénicas y por la dramaturgia. 

Hasta dónde yo sé, no todos los teatros de Barcelona han hecho el paso de tener programas de mano impresos, pero espero que lo hagan a mayor brevedad posible. Claro que vivimos en la era digital y que el papel es cada vez más inaudito, pero el programa de mano no es solo lo único que queda en físico del acto teatral, también es un signo de recuperar la normalidad

El 12 de marzo de 2019, los teatros de Broadway y de todo el mundo, se cerraron sin saber cuando podrían volver a abrirse. En Broadway permanecieron cerrados hasta el pasado 14 de septiembre, que abrieron a sala llena. Sí, después de 18 meses de sequía los teatros de Nueva York abrieron con el 100 por cien de ocupación.

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Mientras Inglaterra, España, Australia abrían sus teatros, Broadway permanecía cerrado ya que los espectáculos de Broadway, de presupuestos gigantescos, no pueden permitirse llenar solo el 70%. En Barcelona, cuando se permitió abrir al 50% solo algunos teatros pudieron hacerlo. Básicamente, los que tienen mucha ayuda pública y no dependen de la taquilla. Meses más tarde, se permitió tener un aforo del 70%. Gracias a las ayudas públicas que el sector reclamó y que se concedieron, los artistas y los teatros, fueron sobreviviendo. Pero la broma ya dura demasiado y es imprescindible que Catalunya y el resto de comunidades que todavía están menos del 100% de ocupación sigan el ejemplo de Madrid y Andalucía, que, como Broadway, ya permiten que los teatros tengan su aforo completo. 

Sinceramente, no entiendo a qué espera el Govern de Catalunya para hacer lo mismo aquí. Está demostradísimo que el virus no se contrae en una platea. ¿Por qué en Catalunya nos resistimos a volver a la normalidad? El sector ha sobrevivido precariamente, como ha podido, pero no creo que tengamos mecha para mucho más. Es absolutamente necesario y urgente abrir los teatros al 100%. Y estoy convencida que el día que, sentada en una platea, tenga un espectador desconocido al lado, también me emocionaré como cuando pude palpar el primer programa de mano después de tantos meses sin hacerlo. Necesitamos volver a ser como antes, necesitamos los teatros llenos.  

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