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¿Barcelona, ciudad con gancho?

Los extranjeros la valoran, pero se quejan de los impuestos, del precio de la vivienda y sobre todo del papelamen administrativo

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Avión despegando desde la tercera pista del aeropuerto de El Prat

Avión despegando desde la tercera pista del aeropuerto de El Prat / Ferran Nadeu (EPC)

Hace ya lustros el alcalde Maragall lanzó una campaña -'Barcelona posa't guapa'- que fue bien acogida y que pretendía dignificar las fachadas de la ciudad. Ahora Barcelona Global -que quiere atraer talento- ha realizado un estudio sobre el atractivo de la ciudad para los extranjeros cualificados. Quiere que Barcelona tenga ante el mundo una fachada atractiva. 

El estudio está basado en una encuesta a más de 1.000 extranjeros residentes (a los que se les pidió que pusieran nota, de 1 a 7, a diferentes aspectos de la ciudad) y en unas posteriores reuniones cualitativas. Resultado: Barcelona tiene una magnífica foto y buenas realidades, pero en algunos asuntos otras ciudades, como Madrid o Lisboa, la ganan en sex-appeal.

Barcelona es bien valorada como ciudad cosmopolita, estilo de vida, oferta cultural y conectividad internacional (6,9 sobre 7) porque el aeropuerto tiene vuelos directos, a precios razonables, a muchas ciudades europeas. Pese a Colau, el 'low cost' les gusta. También es bien juzgada (por encima de 5) la sanidad, tanto la privada como la pública, lo que es relevante al ser preguntado tras el covid a quienes conocen bien lo ocurrido en otros países. Incluso sacan buena nota el metro y el taxi (5,7). Y es considerada una ciudad ideal para vivir con un trabajo a distancia. Casi incluso para iniciar un negocio: 3,9 sobre 7, cuando el límite de lo deseable es 4.

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Aquí empiezan los problemas. La fiscalidad es un problema. Barcelona gusta a profesionales jóvenes que, a veces, tienen ahorros, pero el impuesto de patrimonio la deja en desventaja no solo con Madrid (Gobierno conservador) sino con Lisboa (Gobierno socialista). Si el extranjero cobra un salario no tiene problemas con el IRPF (por la 'ley Beckham'), pero si sufren los inversores, los emprendedores y los profesionales. 

Y en Barcelona Global creen que la flexibilización fiscal no haría perder ingresos públicos, sino que se incrementarían porque vendrían más extranjeros cualificados. Barcelona no es un infierno porque otros impuestos, como el IBI, son inferiores a otros lugares, pero el gravamen al patrimonio -desconocido en Europa- ahuyenta. 

Con todo, lo peor para los profesionales extranjeros que vienen aquí -son ya muchos más que los altos directivos de multinacionales de hace unos años- es el sistema legal y los obstáculos administrativos. Para un profesional extranjero, obtener la tarjeta de residencia -necesaria para vivir, viajar a Europa o abrir una cuenta corriente- es más penoso, y humillante que para un español renovar hace 20 años el carnet de identidad. La cita previa no existe. Y los trámites administrativos con el ayuntamiento para abrir un negocio son muy mal valorados (2,9 sobre 7)

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Como la mayoría de catalanes, los encuestados creen que el nivel salarial es bajo cuando se compara con el coste de la vivienda. Respecto al catalán, solo el 6% lo ve como algo que les incita a abandonar la ciudad y otro 13% como un problema serio. El resto se adapta con algún esfuerzo (36%), con normalidad (23%) y hay más de un quinto de los encuestados (22%) que dice que les enriquece como personas. Eso sí, hay una amplia queja por la falta de escuelas, a precio razonable, en las que el inglés sea también lengua vehicular. Amsterdam es el desiderátum.

Vamos a la política. Obtiene una nota pésima (2,6 sobre 7), pero no espanta. En los cualitativos se relativiza: “también todos hemos padecido a Trump y seguimos viviendo”. ¿Leerán la alcaldesa Colau y el president Aragonès el estudio? Deberían hacerlo pues los europeos ya pueden votar en las municipales.