Apunte

Deliveroo se va

Solo hay una alternativa para que cada eslabón de la cadena gane lo adecuado: pagar más

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Repartidor de comida a domicilio en bici.

Repartidor de comida a domicilio en bici. / FERRAN SENDRA

Hace pocos días, Deliveroo decidía abandonar el mercado español. Lo anunciaba poco antes de entrar en vigor la 'ley rider', que obliga a las compañías a contratar laboralmente a la gran mayoría de sus trabajadores que, hasta el momento, venían operando como autónomos.

Desde el mismo inicio de su actividad, las empresas de 'riders' han generado una gran controversia. Por una parte, han sido loadas por élites empresariales y escuelas de negocio por su innovación y capitalización mientras, por otra, se ha denostado su insostenible modelo laboral que, finalmente, ha sido anulado por los tribunales de justicia. Así las cosas, la nueva legislación abre un escenario al que las compañías deberán adecuarse. 

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En cualquier caso, tras este embrollo, encontramos un ejemplo paradigmático de la confusión en que nos sume una revolución tecnológica desgobernada que, entre otras disfunciones, genera la ficción de igualarnos a todos en el acceso a la modernidad y el bienestar. Así, un ciudadano puede sentirse muy satisfecho, por precaria que sea su situación, cuando, con un simple clic, ordena unas hamburguesas desde la comodidad de su sofá. Pero la efectividad de ese clic se sustenta en una compañía que debe apretar al máximo al restaurante y al 'rider', para servir al cliente por un módico precio.

Y esta es una dinámica insostenible, pues el restaurante debe tener su margen, el 'rider' unas condiciones dignas y el Deliveroo de turno un beneficio suficiente. Y si lo que paga el cliente no da para todo, solo hay una alternativa: pagar más. Un mayor ir y venir de 'riders' no legitima una reducción sistemática de costes que, curiosamente, en vez de igualarnos, nos aleja cada vez más. Todo tiene un precio y cuando no se satisface, y entramos en el consumo masivo a precios de derribo, se deteriora y precariza el trabajo y quienes salen perdiendo son los ciudadanos más humildes. Aunque puedan pedir hamburguesas desde el sofá.