A pie de calle Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

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Depresión.

Depresión. / Ferran Nadeu

Esta no iba a ser mi columna de hoy pero vengo con el alma rota porque en un paseo hasta el kiosko he visto a un señor que estaba dando voces sólo en la calle, angustiado, diciendo cosas inconexas. Sentado en un banco. Consumiendo alcohol, la anestesia al alcance de todos. Ese hombre no estaba bien y casi seguro sufría una enfermedad mental. He pensado en él, en su familia, y me siento en la obligación de hablar de este tema. He trabajado muchísimos años en sucesos y ahí ves que muchos de los casos ocurren porque la gente sufre trastornos no diagnosticados. Lo de los asesinos en serie y los argumentos de producciones como 'Mentes peligrosas' no es lo habitual. Por desgracia es peor y la realidad supera cualquier ficción. Todo es más sencillo ya que si algo he aprendido en mis años de calle es que todos somos capaces de matar y de matarnos.

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Si no estás en tus cabales puedes hacerlo. Por eso es tan importante que cuidemos nuestra salud mental. Por descontado hay que invertir en sanidad y luego nosotros si queremos también podemos colaborar hablando abiertamente del tema. Hay que perder el miedo a decir si vas al psicólogo, al psiquiatra o si te estás medicando. Reconocerlo ayuda mucho a la gente que lo pasa mal y encima lo ve como un síntoma de vulnerabilidad y no como un trastorno de salud. Con una depresión se sufre mucho. Y lo haces en silencio, porque además del dolor sientes que si lo tienes todo no tienes derecho a estar mal .Tal como cantaría Maria Jiménez, 'Se acabó'.

Hay que decirlo claramente. Somos química, algunos más que otros, y hay veces que necesitamos química para poder funcionar. A nadie cuestionamos que se tome pastillas para la tensión o la diabetes, pero en cambio si las tomas para la ansiedad o la depresión has fracasado. No. Vida tenemos una y tenemos que procurar que sea con la mejor calidad posible. Hay mucha gente que no quiere escuchar. Se incomoda. Con esa no hay que perder el tiempo, pero hay mucha otra que está pendiente de los demás y que comparte y es capaz de decir que ella tampoco está bien. Justo el eslogan de la campaña que puso en marcha una asociación del Ayuntamiento de Barcelona, en pleno pico de la pandemia. El sufrimiento no se puede meter debajo de la alfombra. Decir que uno tampoco está bien es un acto de servicio público individual que no cuesta dinero.