Editorial

Otro ejercicio expansivo

El papel de Bruselas es determinante para que los Presupuestos de 2022 tengan un techo de gasto récord, pero hay que acompañarlo de cambios estructurales

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La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros.

La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros. / EUROPA PRESS / MARTA JARA

Una de las lecciones de la gran crisis de la década pasada es que para afrontar la causada por el coronavirus los gobiernos no iban a acudir ni a los recortes ni a la depreciación interna. En un contexto de políticas expansivas en la economía occidental –liderada por el gasto público sin precedentes decretado por Joe Biden en Estados Unidos– España ha previsto para 2022 otro ejercicio histórico en términos de gasto. Así, las administraciones públicas, central, autonómica y locales, podrán gastar el año que viene hasta 196.142 millones, según el techo de gasto aprobado por el Consejo de Ministros, lo que prácticamente iguala el de 2021, que fue de 196.097 millones.

El Gobierno ha querido dejar claro que sigue manteniendo una estrategia expansiva con los Presupuestos para 2022. Aunque casi igualan a los de 2021, nadie puede negar que, al ser ligeramente superiores vuelve a ser récord. Los fondos europeos Next Generation siguen siendo uno de los motores, como lo está siendo en 2021, pese a que en lugar de los 26.000 millones previstos llegarán unos 19.000. En todo caso, lo que no entra un ejercicio lo hará al siguiente, eso sí, si se cumplen los hitos comprometidos, que van de los cambios en el mercado laboral a la reforma del sistema de pensiones. De lo contrario Bruselas cerrará la manguera. El contexto de crecimiento previsto, ratificado por todos los organismos nacionales e internacionales – si no lo trunca el dichoso virus–, puede facilitar el cumplimiento de la reducción del déficit que se anuncia. Mejor sanear las cuentas en etapa de bonanza que en las crisis, como se vio en la depresión de hace poco más de una década. Para cuadrar el círculo, una vez amarrados los fondos europeos para este año, lo duro vendrá para el próximo porque a Bruselas no le bastará con que le digan «ya lo haremos». Hará falta determinación y capacidad de diálogo a todos los niveles.

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Cabe apoyar la decisión del Gobierno de proseguir por la vía del gasto para salir adelante de la crisis. Más allá de la querencia a la propaganda que es consustancial al estilo de gobernar de Pedro Sánchez –y que demasiado a menudo causa que algunas propuestas tengan más de comunicación que sustancia– es cierto que la economía española necesita esta fase expansiva para lograr unos índices de crecimiento que contribuyan a superar los estragos de la pandemia. El papel de Bruselas es doblemente vital, no solo por los indispensables fondos europeos, sino por la flexibilización de las reglas del gasto sin la cual sería imposible la apuesta expansiva. Aquellos que incluso hoy coquetean con posturas o discursos antieuropeos deberían tomar nota de ello.

Ahora bien, como la misma ministra María Jesús Montero indicó, la flexibilidad no siginifica que no deba haber disciplina fiscal. Porque la factura, tarde o temprano, habrá que pagarla. Montero explicó que el déficit público para 2022 será del 5% del producto interior bruto (PIB) frente al 8,4% de 2021, lo que implica que en dos años se habrá reducido más de un 50%. Es vital entender que de forma paralela al crecimiento debe darse una reducción de la deuda y del déficit. De lo contrario, esta política expansiva que es necesaria hoy puede ser una losa demasiado pesada en próximos ejercicios. De ahí que sea tan importante aprovechar de forma juiciosa y para cambios estructurales los fondos europeos y cimentar una recuperación económica que, por un lado, ponga los fundamentos de un cambio de modelo y, por el otro, no se base en hacer aumentar la desigualdad.