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... Y Casado calla

Tan preocupado está el PP por la competencia electoral de Vox que acaba cayendo de bruces en el revisionismo histórico que defiende la ultraderecha, ignorando las evidencias y aquello que sostienen los historiadores

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Casado (centro) y el exministro Rafael Arias Salgado (izquierda) escuchan las palabras del también exministro Ignacio Camuñas, este lunes en un acto del PP en Ávila.

Casado (centro) y el exministro Rafael Arias Salgado (izquierda) escuchan las palabras del también exministro Ignacio Camuñas, este lunes en un acto del PP en Ávila. / Europa Press / Guastavo Serrano

Al líder del PP le pareció un “lujo” contar con los exministros de UCD, Ignacio Camuñas y Rafael Arias Salgado, este último también estuvo en el Gobierno de Aznar, en un acto organizado por el PP bajo el título “Concordia, Constitución y Patriotismo”. Pablo Casado podría haber dicho lo del lujo —“¡qué lujo de ponencias!”, exclamó literalmente— antes de escucharles, pero no, lo dijo después de que concluyeran sus disertaciones. Lo de menos fue que Arias Salgado llamara “hijo de puta” al primer ministro holandés, Mark Rutte, que ya es grave, especialmente por si alguna vez Casado, que le rió la gracia al exministro, llega a la Moncloa y tiene que vérselas con él en las reuniones de la Unión Europea. 

Lo gravísimo fue que el líder de los populares calló —y quien calla, otorga— cuando Camuñas aseguró que la sublevación militar del 18 de julio de 1936 contra el Gobierno legítimo “no fue un golpe de Estado” y que la culpa de la Guerra Civil la tuvo la República. Ya se sabe que hay destacadas personas de la derecha y, desde luego, Vox, que piensan que está justificado un levantamiento militar si el Ejecutivo que ha salido de las urnas no les gusta, no hace lo que a ellos les gustaría o, aceptemos incluso, hace lo que hace, pero no lo hace tan bien como sería deseable.

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Llovía sobre mojado, porque el propio Casado afirmó hace unos días en la tribuna del Congreso que “la Guerra Civil fue un enfrentamiento entre quienes querían una democracia sin ley y quienes querían una ley sin democracia”. Tan preocupado está por la competencia electoral de Vox que acaba cayendo de bruces en el revisionismo histórico que defiende la ultraderecha, ignorando las evidencias y aquello que sostienen los historiadores. El principal partido de la oposición, que se declara demócrata y de Estado, debería tener estas cosas claras. Porque ¿cómo puede darse esa concordia por la que dicen abogar —y el patriotismo—, si no se respeta la verdad histórica y no están siquiera de acuerdo en torno a lo que ocurrió hace 85 años?