Editorial

Pasaporte contra el covid

El documento que entra en vigor facilitará la movilidad turística pero no evitará que la campaña dependa en gran parte del turismo interior

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Pasaporte contra el covid

La entrada en vigor del certificado digital conocido popularmente como pasaporte covid es un paso más en los esfuerzos concertados de la Unión Europea para restablecer paulatinamente la normalidad, aunque varios semáforos en ámbar nos invitan a ser cautelosos y a no actuar como si hubiésemos superado la pandemia. Una buena gestión ha conseguido que el documento que permite evitar pruebas y cuarentenas a los ya inmunizados sea de obtención gratuita, fácil y segura. El pasaporte ha de ser un instrumento más para dinamizar el mercado turístico, fundamental para España como es sabido, pero al mismo tiempo ha de ser útil para evitar con garantías que crucen fronteras quienes no están inmunizados. Es este un requisito básico para que el balance final del verano sea positivo y alentador para vislumbrar el final del túnel.

Al mismo tiempo, deben tenerse muy presentes los acontecimientos de las últimas semanas, con el aumento de contagios a causa de la propagación de la variante delta o india, que en algunos países ha obligado a las autoridades a restablecer restricciones eliminadas hace muy poco tiempo. En el caso español, los focos de contagio en Mallorca y Menorca han probado la velocidad y la intensidad de propagación de la última mutación conocida del virus a poco que se relajen las medidas destinadas a evitarlo. La adaptabilidad del virus es un hecho incontestable que sigue ahí, más controlado gracias a la campaña de vacunación intensiva, pero ni mucho menos eliminado de nuestra vida cotidiana como han podido comprobar los infectados en las islas.

Para que el turismo se resienta lo menos posible de episodios de esa intensidad y naturaleza es preciso extremar los controles, mantener la distancia de seguridad y usar la mascarilla cuando tal cosa no sea factible. Mantener tales cautelas mínimas es indispensable para que el sector turístico experimente una mejora que quizá quedará por debajo de las previsiones hechas en España esta primavera, pero que debe quedar muy encima de las cifras del 2020. Y es indispensable en un doble sentido: para que los visitantes extranjeros se sientan seguros en nuestro país y para que el turismo interior tenga el dinamismo necesario y deseable a fin de que, en última instancia, llene en parte los huecos que puede dejar el turismo internacional ausente.

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El pasaporte debe servir, en definitiva, para facilitar la libre circulación de personas, pero no debe entenderse como un documento que da vía libre a sus portadores. De hecho, el compromiso de los socios europeos prevé la libertad de los estados para dictar medidas suplementarias de control si estima que el riesgo de contagio es alto en determinadas circunstancias y en la relación con determinados países. La razón es muy sencilla: ni los vacunados con la pauta completa, ni los titulares de un PCR negativo, ni quienes pasaron la enfermedad están excluidos de ser transmisores de la enfermedad. Dicho de otra forma, cuanto mejores son los indicadores de un país, menor es la posibilidad de que los inmunizados la puedan propagar. Por eso no deben tenerse por excesivas medidas complementarias que no hacen más que mejorar las garantías que respalda el pasaporte. Para que las vacaciones discurran sin sobresaltos y para que sea efectiva la inmunización del 70% de la población al acabar agosto es preciso que la prudencia siga siendo norma de conducta.