Ayuntamiento de Barcelona

Mitad de mandato para Colau

La alcaldesa sabe pactar con la oposición y ha logrado que su administración sea la más estable y con más proyectos en todo el Estado

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Mitad de mandato para Colau

Creo que cada vez me gusta más Barcelona precisamente por lo que algunos sectores económicos importantes e influyentes detestan más a Ada Colau. La alcaldesa, ahora a mitad de mandato, en sólo seis años de gestión nos ha situado en un escenario urbano colectivo vivo, fresco y dinámico, aunque todavía algo caótico por las probaturas en busca de soluciones para viejos problemas no resueltos. Me agrada esta Barcelona más popular, con cierto sabor a vivir una especie de revolución cultural pacífica, porque en ella gana presencia y protagonismo la gente que va por la calle sin desplazarse en coche particular. Reconozco que aún debo completar mi mentalización. La nueva normalidad está repleta de bicicletas y patinetes, tiene más espacios peatonales y esquinas de manzana recuperadas para ampliar las aceras junto a los colegios. También me encantan las terracitas de bares y cafeterías creadas ganando espacio a unos cuantos carriles del tráfico rodado, aunque estoy a la espera de las mejoras estéticas que prepara para todas las cosas el Ayuntamiento. 

Me parecen aún mejor las cuestiones de fondo del mandato de Colau. Estaba cansado de esperar medidas prometidas por sus antecesores, que quedaron en simples anuncios electorales

Todo lo anterior es lo visible. A mí me parecen aún mejor las cuestiones de fondo. Estaba cansado de esperar medidas prometidas por sus antecesores, que quedaron en simples anuncios electorales o políticas a ritmo de tortuga. Me refiero a la apuesta de verdad por rebajar la contaminación que genera el exceso de vehículos. Me refiero a poner orden al turismo desmadrado y a combatir los pisos turísticos ilegales. Me refiero a no saturar con más hoteles el centro de la ciudad. Me refiero al intento de empezar a remontar el déficit de viviendas asequibles (algo que no depende solo de la alcaldía, claro). Los sectores económicos que ya no dominan campando a sus anchas intentan descalificarlo todo con simplificaciones frecuentemente mentirosas: Colau nos quiere empobrecer, Colau está contra los turistas, Colau mata los coches, Colau asfixia el aeropuerto, para que no trascienda que el Ayuntamiento es el principal inversor de la ciudad y quien licita en Catalunya más obra pública. Se oculta que, para bien o para mal, lo que busca es descongestionar de turistas y hoteles el centro y llevarlos a otros polos locales. Lo que sí es verdad es que no quiere que las calles del Eixample sean una red de carreteritas verticales y horizontales, capaces de absorber cada vez más tráfico; busca crear un espacio más peatonal, esponjado por carriles-bici y un mejorado transporte público (con más tranvía). Respecto al aeropuerto lo que desea es que crezca sin incrementar su daños ecológicos. Son cosas que hacen ya otras grandes ciudades europeas --las más inquietas-- con equipos de gestión de diversos colores políticos.

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A mitad de mandato es visible que se recrudece la campaña en contra, que parece bien regada de medios, pero Colau promete que en los dos años que le restan se verán más nítidamente los resultados de su impulso de cambio. Comete errores, sin duda, pero no se enquista en ellos, y sabe pactar con la oposición (algo inédito en España). Junto a Ernest Maragall (ERC) y Jaume Collboni (PSC) han logrado que su administración sea la más estable y con más proyectos en marcha de todo el Estado.

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