Balance de medio mandato

Colau llega a la mitad de un segundo mandato marcado por la pandemia, ERC y la sombra de Valls

  • La alcaldesa tuvo un inicio amargo en su segunda etapa, con una derrota por la mínima ante Maragall y el apoyo imprescindible de Valls para su investidura

Ada Colau, en el momento de renovar como alcaldesa de Barcelona, aplaudida por su socio de govern, Jaume Collboni.

Ada Colau, en el momento de renovar como alcaldesa de Barcelona, aplaudida por su socio de govern, Jaume Collboni. / JORDI COTRINA

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Toni Sust
Toni Sust

Periodista

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La vida de Ada Colau es ahora muy distinta de lo que fue la noche del 26 de mayo del 2019. Aquel día, perdió las elecciones municipales por un suspiro, 5.000 votos, ante la candidatura de ERC y Ernest Maragall, con la que empató a 10 concejales. La alcaldesa declaró, en un ambiente de derrota: “Estaremos dispuestos a hablar con los partidos de izquierda que quieran mantener las políticas valientes que se han hecho estos años”. Alguno de los suyos insistió en que todavía había una puerta que podía abrirse. Días después, fue investida con el apoyo del PSC y tres votos de la lista de Manuel Valls, que le resultaron tan amargos como decisivos. Es una de aquellas situaciones que las familias prefieren no recordar cuando comen los domingos.

La foto inicial no era la deseada: la alcaldesa era la primera en ostentar el cargo sin ganar las municipales, había perdido un concejal, así como la primera plaza en Nou Barris, el corazón del voto popular, que le arrebató el PSC. Pasados dos años su situación ha mejorado. Tiene un socio estable de gobierno y uno externo que le ha permitido gobernar con más tranquilidad que de 2015 a 2019. La pandemia ha marcado el mandato.

Ada Colau interviene tras conocerse su derrota por la mínima ante Maragall, el 26 de mayo del 2019.

/ captura tv

Después de lo de Valls apenas llamó la atención, pero que el PSC de Jaume Collboni volviera a sentarse en la mesa con Colau y Barcelona en Comú como socios no era poco. La relación se envenenó cuando la alcaldesa echó a los socialistas del gobierno en 2017 por su apoyo al 155. Pero se necesitaban para gobernar y la convivencia entre socios es la del matrimonio que lo vuelve a intentar con menos pasión y más experiencia. Las partes pactaron que podrían mantener posiciones distintas sobre el procés sin romper. También han discrepado sobre aspectos no identitarios, como la ampliación del aeropuerto, aunque sin elevar el tono.

Su convivencia con un PSC reforzado ha sido sosegada, sin pasión ni escándalo, y la colaboración de los republicanos ha resultado clave para decisiones de peso


Llega el coronavirus

La tercera sorpresa fue que ERC se convirtiera en un socio estable externo del gobierno de Barcelona en Comú y el PSC. ¿Cómo los republicanos, que ya celebraban haber recuperado la alcaldía décadas después de ostentarla varias veces durante la Segunda República, iban a perdonar tan rápido el agravio? El caso es que lo hicieron. La cuarta imagen es la de la pandemia, la que más ha definido el mandato. En la ciudad confinada, los socios de gobierno empezaron a tomar medidas para paliar una situación sin precedentes. Ello obligó a alterar la agenda. La alcaldesa aprovechó el parón para acelerar en alguno de sus frentes predilectos. Entre los grandes acuerdos destaca el de haber aprobado un presupuesto de 3.200 millones para el 2021, con el apoyo del PSC, ERC y Valls, el más amplio de la historia de la ciudad en su peor momento desde la Guerra Civil.

Manuel Valls en el pleno de investidura, en el Saló de Cent.

/ JORDI COTRINA

El gobierno de Colau tomó medidas en distintos frentes: de los hospitales de campaña a ayudas económicas, pasando por espacios temporales para sintecho. Algunas de esas respuestas a la pandemia quizá hubieran escamado a Barcelona en Comú en 2015, cuando llegó a la alcaldía. Con Collboni como interlocutor y apaciguador de la restauración, uno de los sectores que más lejos ha estado de la alcaldesa, Colau defendió la decisión de que hasta 3.000 terrazas ganaran espacio en la calzada para resarcirse de los meses sin actividad. Cierto es que esa medida acompañó a otras, dentro del llamado urbanismo táctico, que los ‘comuns’ pueden vender con una de sus etiquetas principales: el objetivo de que el coche pierda terreno en Barcelona. El plan de las supermanzanas del Eixample, apuesta a largo plazo, se inscribe en ese apartado.

La pandemia ha marcado un periodo que ha alumbrado el urbanismo táctico y ha registrado un avance significativo en la apuesta por la vivienda social


El recorte de carriles para el coche y la ampliación de la red de carril bici, también. En este contexto, se ganaron 30.000 metros cuadrados peatonales con el pretexto de la necesaria distancia social contra el contagio. También se amplió el espacio vetado para los coches cerca de los colegios. Los dibujos del urbanismo táctico y los bloques de hormigón han encendido a los detractores de Colau pero también han suscitado la defensa de sus partidarios. Colau y polarización suelen ir juntas de la mano.

La alcaldesa Ada Colau entre Jaume Collboni y Ernest Maragall presentan su acuerdo de presupuesto para el 2021.

/ ACN

Entre los avances más relevantes de estos dos años, además de los cambios en movilidad, figura la aceleración de la apuesta por la vivienda: tras un primer mandato en que los números fueron muy modestos, ahora hay más de 2.300 pisos en marcha, el 80% para alquiler social o asequible, que estarán acabados entre 2023 y 2024, la segunda edición del plan de barrios, que se amplió. Entre lo acordado con ERC cabe destacar el pacto para iniciar en otoño próximo la prolongación del tranvía de Glòries a Verdaguer, la medida del 30% de vivienda protegida en todas las promociones, la reactivación del 22@. Entre los proyectos de futuro figuran la transformación de la antigua fábrica Mercedes y el espacio tecnológico que habrá en el edificio de Correos cedido a la ciudad. Se ha inaugurado el parque del Fòrum.

Que vuelvan los turistas, por ahora

La incertidumbre económica ha frenado algunas actuaciones de envergadura, como la reforma de la Rambla, que por falta de dinero no cuenta con fecha. O la reforma de la Via Laietana. Se espera la llegada de los fondos de la UE y el gobierno de la ciudad ya no parece partidario de que no vuelvan los turistas. Ahora bastaría con rebajar el peso del turismo en el PIB de la ciudad, que es un 15%. La Rambla, vacía, ha demostrado que la dependencia del sector es excesiva. La realidad sugiere que de sopetón, en unos meses, el turismo no se verá sustituido por la biotecnología, que suele ser el sector que encabeza la lista de deseos.

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Dice Collboni que la transformación será paulatina. Se felicita de que haya menos ruido institucional: “Conseguimos que la lógica del procés dejara de interferir en la ciudad. Hemos aportado estabilidad. Nos planteamos tres prioridades: vivienda, seguridad y ocupación. Las dos primeras van a buen ritmo. La tercera está más afectada por la pandemia”. El primer teniente de alcalde presentó en enero de 2020 el BCN Green Deal, con el objetivo de crear 103.000 puestos de trabajo de calidad en el sector digital y verde. Un plan que el covid complicó. El socialista afirma que se están poniendo las bases de una “transformación real” y cree que los frutos no se ven en dos años: “No cambias la economía de una ciudad en seis meses”.

Cambio de paradigma

Por los ‘comuns’ es el concejal Jordi Martí, el que habla de transformación: “El programa electoral de Barcelona en Comú del 2015 decía cosas que hoy defiende todo el mundo. Cuando la oposición nos dice que hacemos poca vivienda ha comprado el marco”. Martí cita los tres objetivos que Colau está buscando: dar respuesta a la emergencia social, con la vivienda como arma; dar respuesta a la emergencia climática, con las supermanzanas entre otras medidas, y modificar el modelo económico para que el turismo tenga menos peso. El tercero es, sin duda, en el que más margen de progreso existe.

La oposición carga contra la gestión de Bcomú y el PSC

La oposición censura en grado mayor o menor la acción del gobierno de Ada Colau, una gestión que ha generado debate también entre entidades y que, por ejemplo, ha sido una de las causas de que aparezcan colectivos críticos como Barcelona Futur, plataforma que con Gerard Esteva como cara visible podría ser el punto de partida de iniciativas políticas. Entre los partidos, la crítica a la alcaldesa es rotunda. El primer grupo de la oposición es también socio externo habitual, ERC, lo que no evita que la suya sea una crítica severa. En palabras de Ernest Maragall, la gestión de los ‘comuns’ y el PSC “no ha estado a la altura de lo que la ciudadanía pedía. Seguimos con un gobierno desorientado, sin un proyecto de ciudad claro y partido en dos, entre el socialismo de Estado del PSC y las medidas superficiales de los ‘comuns’”.

Por Junts per Catalunya, Elsa Artadi considera que Barcelona está “atrapada en un proceso de lenta decadencia agravado por la pandemia, pero que no solo ha causado la pandemia, sino muchas políticas que impulsan los comuns y los socialistas con el apoyo constante de ERC”. “La Barcelona del decrecimiento, la ciudad sin turistas y con una actividad económica reducida, la ciudad cerrada, pobre y sucia a la que aspiraba Colau ya la hemos podido ver y sufrir y es un desastre”, opina Artadi, que acusa al PSC de tener “una influencia nula y toda la connivencia” en la gestión de Colau.

La presidenta del grupo de Ciutadans, Mari Luz Guilarte, cree que de estos “seis años de colauismo” han llevado a una Barcelona “peor”: “No hay un solo indicador que demuestre lo contrario. La calidad de vida de los barceloneses ha ido a peor”. Según Guilarte hay en la ciudad “desgobierno, falta de liderazgo y de proyecto” y un tripartito con el PSC y ERC que no funciona: “La desigualdad entre barrios se agranda”.

“En estos dos años hemos visto como el equipo de gobierno seguía profundizando en la mala gestión en vivienda y movilidad con políticas muy ideológicas y erráticas. Cedimos nuestros votos al PSC para evitar un gobierno independentista, pidiendo al PSC que se impusiera sobre el populismo de los comuns, pero en estos dos años no lo han sabido hacer”, afirma Eva Parera, concejala de Barcelona pel Canvi, que cree que se empieza a ver como los socialistas han entendido que hay “otras alianzas posibles fuera del tripartito de izquierda”.

El presidente del grupo del PP cree que el coronavirus “le ha ido muy bien a Colau, porque ha desviado la atención de lo que ha pasado en Barcelona: las cifras de delitos, los fracasos de la eléctrica pública, el dentista municipal, el caos del urbanismo táctico”.