El negocio del fútbol

Florentino, el bonapartismo deportivo

La Superliga, impulsada por el presidente madridista, es la idea comercial peor vendida de las últimas décadas, pero resucitará más adelante.

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Florentino Pérez, presidente del Real Madrid.

Florentino Pérez, presidente del Real Madrid.

El Real Madrid ha cerrado una temporada nefasta, tiene una plantilla de viejos roqueros complementados por jóvenes promesas por explotar, no hay dinero, el presupuesto aprobado supone una rebaja del 14% respecto del anterior, no tiene entrenador y además Gareth Bale amenaza con regresar. Un sinfín de desgracias que desanimaría al más forofo. A pesar de todo, el crédito de Florentino Pérez sigue intacto, fue reelegido por sexta vez sin tener que pasar por las urnas y nadie duda de que su presidente conseguirá remodelar la plantilla, para volver a competir por todo. Florentino le ha dado al Madrid una autoconfianza a prueba de desengaños. Las cinco champions de su mandato y el perfil del nuevo Bernabéu, una pirámide del poderío blanco, dan para todo.

Florentino Pérez, por su parte, ha experimentado con el Real Madrid el bonapartismo imperante en otros grandes clubes. Es un tipo rico pero sin exagerar, comparado con sus rivales y compañeros de viaje. Roman Abramóvich (Chelsea), Mansourbin Zayel (Manchester City), Nasser Al-Khelaüfi (PSG) o Andrea Agnelli (Juventus) multiplican por diez su patrimonio, sin embargo, fue él quien dirigió la maniobra para finiquitar las entidades tradicionales del fútbol continental con la Superliga. La Superliga es la idea comercial peor vendida de las últimas décadas, pero resucitará más adelante. Es la única fórmula que les asegura a estos magnates y a sus equipos-marca la financiación suficiente para consolidar los nuevos club del deporte espectáculo, sobre los que asentar el poder económico, social y político de sus presidentes.

El fútbol sigue siendo el mismo de siempre, un juego inteligente que depende de que una pelota caprichosa supere una línea de cal; lo que ha cambiado es la potencia de determinados clubes europeos. Estas empresas deportivas siguen teniendo sus canteras, fábricas o masías de jóvenes talentos y sus equipos de formación, pero han vislumbrado un futuro muy diferente al del club tradicional, cargado de voluntariedad, valores deportivos, ansias de competir y sueños de dar la campanada. 

El dinero de los derechos televisivos y los ingresos del merchandising han permitido a los presidentes de estos clubes establecer un equilibrio en la alta competición, sinónimo de emoción y rivalidad sin límites. Sostener este statu quo exige una agresiva y costosa política de fichajes. Llegados a este punto, han pretendido cerrar el círculo de los privilegiados como ya se hizo con la Euroliga de baloncesto con éxito y sin aniquilar las ligas locales. De todas maneras, se precipitaron y deberán abrir algo la mano a la meritocracia deportiva de la temporada, perdiendo algunos millones por el camino.

Florentino va a ser presidente del Real Madrid hasta los 80 años, salvo debacle deportiva o comercial monumental. Para entonces, habrá condicionado el presente y el futuro del club, al mismo tiempo que habrá ampliado su cartera de negocios

Este es el mundo de Florentino, el de la retroalimentación de su negocio particular con el histórico club madridista, que él lidera sin sombra alguna para consolidar su figura urbi et orbi. Con un patrimonio personal de unos 1.800 millones de euros y el empuje de la presidencia de ACS (empresa del IBEX que en este momento tiene un valor en Bolsa de 7.900 millones de euros), nadie está en condiciones de toserle ni dentro ni fuera del Madrid.

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En su condición de presidente-director deportivo del Real Madrid su último acierto fue el traspaso de Cristiano Ronaldo. Pronto se cumplirán tres años; desde entonces, una secuencia de fiascos de la que ha salido indemne. Más allá del espejismo de la liga 19-20, el resultado obtenido se explica por la media docena de fichajes inexplicables, en especial el de Eden Hazard, y la recuperación absurda de Zinedine Zidane, después de haber quemado a un par de entrenadores inocentes de los caprichos de Florentino.

Florentino va a ser presidente del Real Madrid hasta los 80 años, salvo debacle deportiva o comercial monumental. Para entonces, habrá condicionado el presente y el futuro del Real Madrid al mismo tiempo que habrá ampliado su cartera de negocios, gracias al supuesto win-win de esta operación. Todo esto está por comprobar, claro. Lo que difícilmente se va a parar es la revolución de los magnates del fútbol, que busca reproducir la sociedad de clases en el universo deportivo a partir de la explotación del orgullo de los socios.