Nuevo orden internacional

Alianzas para la Guerra Fría

Washington no perdona a China que quiera convertirse en la primera potencia tecnológica y ha orquestado toda una campaña contra el gobierno de Xi Jinping

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El entonces vicepresidente de EEUU Joe Biden y el presidente Xi Jinping, en diciembre del 2013

El entonces vicepresidente de EEUU Joe Biden y el presidente Xi Jinping, en diciembre del 2013 / Lintao Zhang / Reuters

Poco o nada ha cambiado la política de Biden hacia China con respecto a la de Trump. Estados Unidos ve al Imperio del Centro como el desafío de política exterior más importante de su historia y busca aunar a las “democracias del siglo XXI frente a las autocracias”. En esta época de enfrentamientos políticos cainitas, el reto chino es lo único que une a republicanos y demócratas, cuyos líderes prefieren la confrontación a la cooperación. China no se arredra y acusa a Washington de alentar una nueva guerra fría y dividir el mundo en bloques. La amenaza de una coalición liderada por EEUU para frenar su avance no ha hecho más que reforzar la ambición de Pekín de convertirse en el líder global del nuevo orden internacional. 

Aunque la historia nunca se repite y hay pocas similitudes entre la extinta Unión Soviética y China ,en los últimos años se ha hecho evidente la incompatibilidad de los sistemas políticos de Washington y Pekín, lo que ha desencadenado una virulenta lucha que recuerda a la sostenida por EEUU y la URSS durante más de cuatro décadas. Henry Kissinger, el halcón que con su viaje secreto de 1971 a Pekín logró consolidar el cisma comunista abierto tras la muerte de Stalin, sostiene que esta nueva Guerra Fría “es mucho más peligrosa que la anterior” por el enorme peso de China. Lo máximo que alcanzó la economía soviética fue el 40% de la de EEUU, mientras que la china, por paridad de poder adquisitivo superó a la norteamericana en 2014, y por dólares constantes se prevé que la adelante en esta década.

Hasta ahora, Biden solamente ha hablado una vez por teléfono con Xi Jinping. Según la Casa Blanca, le expresó su “profunda preocupación” por las prácticas “injustas y coercitivas” de Pekín, la represión en Hong Kong y “las violaciones de los derechos humanos en Xinjiang”, donde habita la minoría musulmana uigur que China se empeña en ideologizar. Además, los jefes de la diplomacia de ambos países y otros altos funcionarios se reunieron en Alaska en “una sesión a cara de perro”, como la calificaron algunos de los presentes.

Desde que ganó las elecciones, Biden trata de formar una alianza antichina. Su mayor éxito fue el anuncio conjunto de EEUU, Canadá, Gran Bretaña y la Unión Europea de sancionar a varios funcionarios chinos en Xinjiang. La bofetada a Pekín fue una jugada maestra que ha descalabrado la incipiente autonomía estratégica de la UE. Lo primero que hizo China fue tomar represalias contra cuatro eurodiputados y el Europarlamento votó masivamente a favor de congelar hasta que se levanten esas sanciones el proceso de ratificación del Acuerdo de Inversiones China-UE, firmado en diciembre pasado tras siete años de negociaciones. Biden, que antes de ocupar la Casa Blanca ya quiso impedir la firma de ese acuerdo, se ha apuntado el tanto.

Washington no perdona a China que quiera convertirse en la primera potencia tecnológica global y ha orquestado toda una campaña contra el gobernante partido comunista y sus prácticas. Con ello pretende impulsar el desacoplamiento de ambas economías, que están muy entrelazadas, recuperar el control de las grandes cadenas de suministro y frenar el crecimiento chino cortando el acceso a componentes esenciales, como los microchips. 

La alianza que va cogiendo músculo es la denominada Quad (Cuadrilátero), que reúne a India, Japón, Australia y EEUU, y es una suerte de OTAN del Pacífico. En noviembre pasado realizaron en la bahía de Bengala las primeras maniobras militares conjuntas. Creado en 2007, el Quad se adormeció para no irritar a China, pero Trump lo revitalizó.

Pekín intenta evitar la formación de acuerdos en su contra, para lo que ofreció a la nueva Administración Biden dejar a un lado los encontronazos y malentendidos del pasado y reiniciar una cooperación amplia y sincera. Su fracaso ha tenido una doble consecuencia. De un lado, el estrechamiento de las relaciones con Rusia en todos los planos, incluido el espacial donde han acordado trabajar conjuntamente en una estación de investigación en la Luna. De otro, la aportación de decenas de miles de millones de dólares adicionales a innovación para tratar de solventar sus vulnerabilidades y preparar el desacoplamiento.

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Sin mencionar nombre alguno, Xi Jinping declaró en el Foro Económico de Davos que “rechazar, amenazar o intimidar a otros, imponer deliberadamente el desacoplamiento, la interrupción del suministro o las sanciones, y crear aislamiento o distanciamiento solo empujará al mundo a la división e incluso a la confrontación”. 

Resaltar los males del sistema contrario no ayuda a establecer una relación constructiva. La fórmula para evitar una catástrofe consiste en evitar desafíos innecesarios y potenciar la cooperación.