La campaña de inmunización

Antivacunas y género

Es importante que las autoridades sanitarias impulsen políticas para aumentar la disposición a vacunarse, sobre todo en el caso de las mujeres

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Vacunación en el Hospital Universitario de La Paz, en Madrid.

Vacunación en el Hospital Universitario de La Paz, en Madrid. / EUROPA PRESS / Eduardo Parra

Siempre ha habido gente reacia a las vacunas. Incluso en relación con alguna que se utiliza desde hace mucho tiempo, como la de la gripe, hay personas que se niegan a que se la administren por razones diversas: desconfían de que de verdad exista la enfermedad, dudan de la efectividad de la inmunización o creen en teorías de la conspiración que propugnan que tal vacuna es un invento de la industria farmacéutica o del Gobierno, o de ambos, para controlar a la población y obtener información confidencial. En el caso de las vacunas contra el covid-19, las dudas y la desconfianza se han acrecentado por la rapidez con que se han investigado y aprobado las vacunas, a pesar de que todas han pasado por las mismas fases y los mismos protocolos a que se somete cualquier ensayo clínico sobre inmunización.

Con la evidencia innegable de que la única manera de llegar a la inmunidad de grupo y, en consecuencia, recuperar la vida anterior a esta pandemia es lograr que el 70% de la población esté vacunada, resulta interesante observar si hay diferencias por sexos en el rechazo a la vacuna para, así, dirigir los esfuerzos de las autoridades a proporcionar y promover información objetiva que disipe las dudas del grupo de población más reacio a la vacunación.

Un estudio reciente se plantea, precisamente, esta cuestión; a través de una encuesta diseñada a tal fin, respondida por 13.326 individuos en 10 países diferentes en diciembre de 2020, los autores de la investigación recogen información sobre el cumplimiento de las medidas de protección contra el covid-19, la percepción de la gravedad de las repercusiones de la pandemia sobre la salud poblacional, y las intenciones y opiniones respecto a la vacunación.

Los países en los que se hizo la encuesta (Australia, Austria, Francia, Alemania, Italia, Nueva Zelanda, Polonia, Suecia, Reino Unido y Estados Unidos) disponen de un sistema de salud desarrollado y una renta per cápita que va de media a alta, pero difieren en muchas de las variables relacionadas con la pandemia, como la tasa de mortalidad por 100.000 personas, que, por ejemplo, es mucho más alta en el Reino Unido que en Australia o Nueva Zelanda.

El primer resultado que llama la atención es la diferente percepción de los efectos sobre la salud derivadas de la infección por este virus: mientras que el 31,7% de las mujeres en esos 10 países consideran que el covid-19 plantea un problema muy serio para la salud de la población, el porcentaje se reduce al 27,3% en los hombres. No solo es que las mujeres estén más preocupadas por la incidencia de la pandemia sobre la salud, sino que, como lógicamente se deriva de ello, presentan un grado más elevado de cumplimiento de las medidas de protección, como el lavado de manos, la distancia de seguridad o la utilización de las mascarillas, entre otras. 

Según un estudio, ellas están más preocupadas por los efectos del covid, pero son más reacias a la vacunación que ellos

Sin observar los datos sobre la disposición a vacunarse, solo con la información mencionada, nos inclinaríamos a vaticinar que las mujeres estarán más a favor de la vacuna anticovid, ya que están más preocupadas por las consecuencias negativas sobre la salud y son más rigurosas con el cumplimiento de las medidas de salud pública. Pues bien, los datos muestran precisamente lo contrario; mientras que, en diciembre, de 2020, el 66,4% de los hombres estaban dispuestos a vacunarse, en el caso de las mujeres el porcentaje se reduce al 58,1%. Esa diferencia entre la predisposición de uno y otro sexo se mantiene de manera consistente en todos los países estudiados, aunque el grado de aceptación de la vacuna es diferente; así, los franceses son los más contrarios a la vacunación y los ingleses los más favorables. Estos resultados no pueden ser una respuesta a los pocos casos recientes de trombosis, ya que los datos corresponden a un periodo anterior a que se empezaran a administrar las vacunas.

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Los países desarrollados disponen de mecanismos seguros de transporte a baja temperatura, así como de la capacidad organizativa necesaria para desarrollar un proceso de vacunación masiva de su población. Por lo tanto, el único elemento que puede poner en peligro la inmunidad de grupo, aparte de las limitaciones por parte de las empresas productoras en el abastecimiento de las dosis necesarias, es la negativa de ciertos grupos de población a que les pongan la vacuna. En consecuencia, es importante que las autoridades sanitarias impulsen políticas para aumentar la disposición a vacunarse, sobre todo en el caso de las mujeres, si tenemos el deseo y la esperanza de recuperar nuestra vida prepandemia lo antes posible.