Atrapados

No quieren pactar

El colapso en las negociaciones para formar Govern tiene su origen en la falta de alternativas: Esquerra se disparó al pie vetando al PSC a tres días del 14-F

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Pere Aragonès y Laura Borràs, en el Parlament, tras la primera sesión del debate de investidura.

Pere Aragonès y Laura Borràs, en el Parlament, tras la primera sesión del debate de investidura. / Ferran Nadeu

Digamos en público lo que ellos mismos admiten en privado: Esquerra y Junts no quieren llegar a ningún acuerdo. Esto no quiere decir que pueda descartarse, porque en el laberinto indescifrable del ‘procés’ no sería ni la primera ni la última vez que se hace algo sin querer: la misma DUI, como ya sabemos todos, tuvo más de farol por inercia que de convencimiento. En una situación de emergencia como la actual, lo lógico y sensato sería que hubiera un Gobierno estable con una clara hoja de ruta desde hace semanas, y sin embargo lo único que tenemos son una vagas conversaciones, en las que ni siquiera se disimula que no se negocia nada.

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Una gran parte de este colapso tiene que ver con la falta de alternativas: en todo el arco parlamentario, Junts, en plena inercia de la confrontación, ya solo puede pactar con Esquerra, y Esquerra, que tenía hasta hace poco una posición privilegiada, se tiró un curioso tiro al pie cuando a tres días del 14-F se sintió obligada a ir al notario virtual a jurar que no pactaría con el PSC cuando en Madrid el PSOE era su aliado: el resultado es que se encuentra ahora en manos del partido con el que peor se entiende, como se demostró en la caótica legislatura anterior. Por eso el callejón sin salida en la que estamos es ya digno de un psicoanalista; dos partidos que se odian compitiendo por el mismo poder, con uno optando por el unilateralismo y el otro por ampliar la base, con estrategias irreconciliables, con sus respectivos líderes acusándose de todo a través de libros y sus respectivos soldados despellejándose en la penumbra, mientras mantienen la ficción de que quieren pactar. Pero por supuesto, aquí nadie quiere pactar, incluso si terminan pactando, y por eso no ven más solución que dejar correr el reloj. A ver si la misma ‘intelligentsia’ indepe que ha tardado tantos años en admitir el desastre del unilateralismo es capaz ahora de rectificar un poco más rápido y admite que hay vida más allá del autocreado 52%. Basta con una simple calculadora y menos dosis de sectarismo para ver que hay muchos más pactos posibles.