Violencia machista

Cuando no te creen

Estos mismos motivos que se han utilizado para dudar del testimonio de Rocío Carrasco les hemos oído miles de veces: los dijeron de la víctima de Pamplona, de Nevenka, de la protagonista de la serie documental 'Creedme'

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Rocío Carrasco, en un avance de los episodios 2 y 3 de su docuserie en Telecinco.

Rocío Carrasco, en un avance de los episodios 2 y 3 de su docuserie en Telecinco. / TWITTER / MEDIASET

Esta semana hemos vuelto a asistir, en directo, cómo el testimonio de una víctima de violencia machista genera dos equipos: los que la creen, quienes la ponen en duda. No he visto los capítulos del documental sobre el silencio de Rocío Carrasco, pero he podido comprobar, sin ver el testimonio, algunas cosas: que siempre habrá quien encuentre, en tu palabra, un motivo para desconfiar. A Rocío Carrasco se le acusa de: no hacerlo en el lugar que corresponde, no hacerlo como se espera que se haga, hacerlo por dinero, hacerlo por venganza, no responder como lo haría una víctima, haber callado demasiado tiempo, hablar demasiado, exponer sus hijos, ser una mala madre. En este caso, como su familia se podría considerar historia viva de España, nos lo podemos permitir: lo hizo, además, en un programa popular con mucha difusión. Vía libre.

Estos mismos motivos que se han utilizado para Rocío Carrasco les hemos oído miles de veces: los dijeron de la víctima de Pamplona, de Nevenka, de la protagonista de la serie documental 'Creedme'. Nos lo han dicho a nosotras mismas. A Rocío Carrasco la acusan de falsear porque la justicia no le ha dado la razón. A Nevenka Fernández, en cambio, la justicia le dio la razón y el juicio social la condenó igualmente. La sentencia de la Manada es un antes y un después para muchas.

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No he visto los capítulos del documental de Rocío Carrasco y no lo necesito para creérmela. Tampoco conozco a la mayoría de las víctimas de violencia machista que se exponen y hacen público su testimonio. No lo necesito, señoras y señores. No me importa cuál sea el programa, ni las circunstancias personales. Ni siquiera la justicia, cuando te niega la verdad, es garantía de nada. Yo, por ejemplo, nunca pude aportar pruebas para demostrar que decía la verdad: no tengo una sentencia a mi favor. Sé, sin embargo, que no mentía. No tengo ningún motivo para dudar de ninguna mujer que decida exponerse y mostrar su sufrimiento. Creo firmemente, en cambio, en la capacidad de remover conciencias cuando se rompe el silencio o el anonimato: y se ha hecho en horario de máxima audiencia. Ojalá Ana Orantes lo hubiera podido ver.