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Respeto

No deja de ser contradictorio que Borràs lance un discurso contra el totalitarismo cuando la base del suyo es el desprecio a los que piensan diferente

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Laura Borrás, elegida presidenta del Parlament.

Laura Borrás, elegida presidenta del Parlament. / Elisenda Pons

No hubo sorpresas en el discurso de la flamante presidenta del Parlament, Laura Borràs. Puro relato procesista: no hemos hecho nada malo y la represión de la pérfida España ha caído sobre nosotros. A un lado, la herencia fascista y el autoritarismo borbónico. Al otro, la arcadia independentista asimilada a una idea única de Catalunya. Para los que no comparten el anhelo soberanista, ni agua. Solo el desprecio y la sospecha de no ser considerados parte de ese pueblo tan invocado. También hubo ninguneo hacia su antecesor, aquel Roger Torrent que en su primer discurso apostó por “contribuir a coser la sociedad catalana”.  

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Borràs invitó a todos los representantes de las fuerzas democráticas a “no dar eco a las ideas totalitarias que se afanan en extenderse peligrosamente en nuestra sociedad”. Es la postura de tantos parlamentos europeos hacia la ultraderecha, pero no deja de ser contradictorio lanzar ese discurso cuando la base del propio es la exclusión y el desprecio a los que piensan diferente. Al totalitarismo se le combate no trufando el relato político de mentiras, respetando la diversidad ideológica y preservando la convivencia.