Pros y contras

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Robots que lloran

Hay una polémica que se centra en la discusión sobre los sentimientos y la conciencia de que, en un futuro (cercano), tendrán los robots. Comienza en la propia etimología de la palabra ('robota', como los bautizó Karel Čapek en checo, significa 'esclavo') y por las famosas leyes de Asimov, y termina, por ahora, con novelas como la de Ishiguro -'Klara y el sol'- en la que se plantea una pregunta que presidirá nuestros próximos debates éticos. "¿Hasta qué punto podemos decir que Klara tiene sentimientos o que solo los aprende a reconocer y entiende cómo funcionan?".

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Una charla que se organizó en Girona en 2018 y que ahora está a punto de publicarse enfrentó las ideas de un experto en ciencias de la computación -Ulises Cortés- y de un filósofo -Joan Manuel del Pozo- en torno a la Inteligencia Artificial. El pensador formuló esta pregunta: "¿Podéis construir máquinas que lloren?", y la respuesta del ingeniero fue: "Todavía no, pero tiempo al tiempo". La discusión se estableció sobre la emergencia de la conciencia robótica, planteada como una simple mimesis imitativa o como un estadio superior de evolución moral. Aún parece ciencia ficción, pero estamos cerca de vivirlo.