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Acoso en las redes

La expansión de internet y las redes sociales ha permitido la organización y un enorme crecimiento de estructuras organizativas de mujeres a nivel mundial. Sin embargo, no todo está siendo positivo

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Una joven ante su ordenador a punto de acceder a Instagram.

Una joven ante su ordenador a punto de acceder a Instagram. / FERRAN SENDRA

Las redes sociales comenzaron a colarse en nuestras vidas en torno al año 2000. Veinte años después, han revolucionado la forma de relacionarnos, haciéndose además con el valor más importante que tienen para el mercado los y las usuarias: el tiempo. Millones de horas consumidas en una conversación sin fin en la que actúan, por un lado, seres anónimos y por otro, grandes personalidades sociales ('influencers', 'youtubers', 'gamers', etc) que consiguen monetarizar su intervención en ellas con gran rentabilidad económica. La mayoría de los seres humanos pagamos con nuestro tiempo, y unos pocos reciben grandes beneficios. Por encima de todo, las grandes empresas tecnológicas como Facebook, cuyos amos ganan muchísimo dinero y reparten poco trabajo.

Para los movimientos sociales en general y el feminismo en particular, la expansión de Internet y las redes sociales ha permitido la organización y un enorme crecimiento de estructuras organizativas de mujeres a nivel mundial, que ha tenido su punto de visibilidad máxima en el huelga general del 8 de marzo de 2018, y en lo que se denomina ya una 'Cuarta Ola Feminista' al incorporarse mujeres muy jóvenes al movimiento. Sin embargo, no todo está siendo positivo, y en todas las academias del mundo se estudian los posibles efectos perniciosos que está teniendo este sistema de conversación pública sin fin, amparada en el anonimato. Los problemas son muchos: la violencia en las palabras y en la representaciones icónicas que circulan por las redes es enorme; la creación de 'burbujas comunicativa'” que hace que recibamos solo la información que refuerza nuestras ideas; la devaluación de los sistemas políticos parlamentarios; la 'gamificación' que hace que solo nos enfrentemos a contenidos si cumplen con la condición de divertirnos; la espectacularidad de los debates en los que ganan los y las que más insultan, son algunos de los efectos negativos de las redes en nuestra vida en común. 

Las redes han surgido y se están desarrollando sobre un sistema de representación patriarcal y en muchos casos hasta machista

Y es que las redes sociales son una tecnología nueva de comunicación, pero no implican una transformación ideológica por sí mismas. Las redes han surgido y se están desarrollando sobre un sistema de representación patriarcal y en muchos casos hasta machista. Desde hecho, desde que ha comenzado la 'Cuarta Ola', el aparato conservador se ha puesto en marcha con una ferocidad inesperada. Matthew N. Lyons acuñó en 2017 el neologismo 'manosphere' para referirse a la subcultura hipermasculinizada surgida en la red que ataca al feminismo y declara que son los hombres blancos las víctimas oprimidas por el sistema, ya que son ellos los discriminados frente a las otras razas, las mujeres, las sexualidades alternativas, etcétera. Amparados en la tiranía del débil, se conceden a sí mismos el derecho de ejercer la violencia de género a través de las redes sociales, por medio de diferentes formas de acoso a personas y colectivos concretos.

Cuando una activista recibe insultos por la red, es fácil pensar que se trata de un problema individual, porque algún tipo de loco se excede en su lenguaje y muestra un comportamiento aborrecible. Sin embargo, la realidad es que los ataques se producen de forma organizada por varones que participan en determinados sitios 'on line' que mantienen una postura activista en contra del movimiento feminista, y que utilizan un mismo lenguaje verbovisual para atacar no solo a las feministas, sino a los movimientos LGTBQ y a los grupos antiracistas.

Como ocurre fuera de la red, muchas mujeres son acosadas, sobre todo si se atreven a contradecir los modelos de feminidad hegemónica


Como ocurre fuera de la red, muchas mujeres son acosadas, sobre todo si se atreven a contradecir los modelos de feminidad hegemónica. Si además estas mujeres pertenecen a minorías étnicas, son lesbianas, bisexuales, transgénero, intersex o tienen alguna discapacidad, el tono violento de los mensajes incluidos en la red puede llegar a ser muy intimidante. En el informe '#ToxicTwitter' (2018), de Amnistía Internacional, señalan que la misoginia se concreta sobre todo en acoso, hostigamiento, extorsiones y amenazas, robo de identidad, 'doxing' (revelar datos personales como teléfono o domicilio) y en la alteración y publicación de fotos o videos sin consentimiento. Estas actividades delictivas, tiene como consecuencia que sean ellas que dejan de usar Internet, prefiriendo a la fuerza el aislamiento social o la limitación de las actividades en la vida pública.

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El mundo necesita de la igualdad social para superar estos momentos de incertidumbre

Las redes no son buenas ni malas y están para quedarse. Imponen una forma específica de comunicación basada en la emocionalidad, el entretenimiento y la inmediatez. El mundo necesita de la igualdad social para superar estos momentos de incertidumbre, porque solo así se podrá aprovechar todo el talento humano que se necesita para superar esta crisis de forma pacífica. El feminismo ha hecho muchas aportaciones a los ideales de libertad e igualdad, y puede aportar ahora soluciones para equilibrar las desigualdades que no han parado de hacerse más profundas desde la crisis económica del año 2008