Historia de una novela

Pasternak contra la actualidad visionaria

Cada febrero nos recuerda la figura del poeta y novelista ruso, que dejó para la posteridad esa emocionante y corpulenta historia de frustración y desengaños que es 'Doctor Zhivago'

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Boris Pasternak en su despacho de Peredélkino, cerca de Moscú. 

Boris Pasternak en su despacho de Peredélkino, cerca de Moscú.  / Jerry Cooke

Como cada febrero, con el aniversario de su nacimiento, también este año se ha recordado la figura de Boris Pasternak, el poeta y novelista ruso fallecido en 1960 que dejó a la posteridad, entre otras obras, ‘Doctor Zhivago’, una emocionante y corpulenta historia de frustración y desengaños que arranca en la Rusia presoviética y se extiende hasta la segunda guerra mundial.

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La edición príncipe apareció en Italia en 1957. A petición de Moscú, el autor trató de evitar la publicación del manuscrito que él mismo había exportado ilegalmente pero el editor no accedió a su demanda. Se ha escrito mucho sobre la participación de la CIA en la difusión del libro, que enseguida se tradujo a distintas lenguas y se convirtió en una herramienta de propaganda contra el comunismo durante la Guerra Fría. Galardonado con el Premio Nobel en 1958, el autor no pudo acudir a recibirlo. Años después, cuando el comunismo desapareció, fue entregado a su hijo.

Un ingenuo

En aquellos años hubo un gran debate acerca de la calidad literaria de la obra, pero lo importante es el contenido, que también se discutió con pasión, sobre todo en círculos comunistas. Sus biógrafos cuentan que en una ocasión se advirtió a Stalin contra Pasternak, pero el gran líder respondió que era mejor dejarlo en paz puesto que era un ingenuo que no constituía ningún peligro. Eso fue bastante antes de la publicación de ‘Doctor Zhivago’.

Pasternak nació en una familia judía en proceso de asimilación. Una de sus cuidadoras bautizó al niño, un acto que el escritor siempre recordó con simpatía, calificándolo de “fuente de inspiración rara y excepcional”. Estudió filosofía en Alemania y tradujo a Shakespeare, Goethe y los poetas georgianos que admiraba Stalin, lo que parece que ayudó a Stalin a tenerlo en buen concepto y quizá por ello se libró de las purgas.

‘Doctor Zhivago’ retrata el sangriento fracaso de la revolución y la desilusión del comunismo, a pesar de que, a diferencia de la mayor parte de su familia, que emigró con la revolución, Pasternak fue partidario de los bolcheviques y se quedó. Los intelectuales y lectores occidentales que criticaban a la Unión Soviética interpretaron el libro como espejo de una sociedad equivocada y plagada de atrocidades e injusticias que quiso emanciparse del antiguo régimen y acabó sucumbiendo a la locura. La miseria, el hambre y el frío fueron los denominadores comunes de la posrevolución. Faltaba el pan hasta el punto de que los mendrugos se convirtieron en moneda corriente que servía para comprar y vender. El mismo protagonista se ve obligado a robar un haz de leña para poder calentar a su familia en mitad del invierno ruso.

Testigo del hundimiento

La terrible fotografía describe fábricas cerradas, trabajadores desempleados y sin perspectivas de empleo, asesinos que aparecen por todas partes y ejecuciones de oponentes y traidores tanto por parte de los bolcheviques como de sus rivales. La devastación reina por doquier y los incendios se propagan por ciudades, pueblos, granjas y hasta por trenes hundidos en la nieve. El protagonista que ha sido testigo del hundimiento de la revolución se declara partidario de un cambio pacífico y guiado por valores humanos que acabe con el sufrimiento. “Fui un revolucionario entusiasta, pero la meditación me hace pensar que nada puede obtenerse mediante la fuerza bruta”, dice.

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En círculos sionistas la figura del protagonista, Yuri Zhivago, y la novela en general, cayó como una losa. El fundador de Israel, David Ben Gurion, la consideró “despreciable”. Una cita que la novela atribuye a un personaje judío convertido al cristianismo que se extraña de que los demás judíos no hagan lo mismo, dice: “Los líderes intelectuales del pueblo judío no se desentienden de ese ejército que eternamente lucha y es masacrado, ni les dicen: ‘Ya basta. Parad ya. Renunciad a vuestra identidad. Dispersaos. Estad con los demás’”.

Los tres últimos años de su vida, es decir desde la publicación de ‘Doctor Zhivago’, Pasternak fue denunciado y repudiado por los intelectuales soviéticos. Murió de cáncer de pulmón en mayo de 1960. Finalmente, en 1988, el régimen autorizó la publicación del original ruso de la novela y al año siguiente, o sea 30 años después, permitió que su hijo recogiera el Nobel.

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