Despido polémico

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Gina Carano, en el estreno del filme del director Steven Soderbergh’s ’Haywire’, en Hollywood, en el 2012.

Gina Carano, en el estreno del filme del director Steven Soderbergh’s ’Haywire’, en Hollywood, en el 2012. / FRED PROUSER (REUTERS)

Cara Dune. Valiente. Mujer empoderada. Uno de los personajes por los que Lucasfilm apostó para revitalizar la saga 'Star Wars' a través de su último producto, 'The Mandalorian', y con visos de participar en futuros 'spin-offs' de la franquicia. Casi es un puro algoritmo del éxito y de repente, su cara, su voz, la actriz de esta galaxia que habitamos Gina Carano se mofa de quienes usan mascarillas, se suma al frente ultra que alimenta las sospechas de fraude electoral en las elecciones americanas... y es despedida.

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Se acabó Cara Dune. No está en los planes de la productora contratar a otra actriz para seguir representado ese carismático personaje. ¿No puede opinar una actriz? ¿Dónde está su libertad individual? ¿Su despido es un acto de censura? ¿Gina Carano ha sido víctima de la discriminación, de la policía del pensamiento? El caso de Gina tiene sus aristas, pero es bastante de manual. Una empresa vende su imagen, porque al final es eso de lo que se trata en el universo Disney, y le da a ese personaje unos valores que no admiten mancha ni controversia. Gina no es Cara, pero Cara, para el 'mainstream', está inevitablemente unida a la imagen pública de la actriz. Y sus redes sociales forman parte de esa imagen de manera incontestable. Cuenta 'Hollywood Reporter' que Carano fue avisada en varias ocasiones de que sus comentarios políticos e ideológicos no eran del agrado de la compañía. No es la primera vez que sucede algo así: la actriz que encarnó a Mulan en la recreación de carne y hueso del personaje animado para Disney, Liu Yifei, también se metió en un jardín al ponerse del lado de la policía de Hong Kong en los distintos episodios violentos que la enfrentaron a las protestas callejeras. No hubo represalias conocidas, pero tampoco se abrió ninguna ventana de oportunidad para seguir colaborando con ella. La decisión de prescindir de Carano y, en consecuencia, de su personaje en la saga arrastra otras consecuencias. La empresa Hasbro, que produce una línea de muñecos de colección para los fans, detuvo de inmediato la producción, y buena parte del 'merchandising' corrió la misma suerte. 

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Los iconos culturales que valoramos como sociedad tampoco son libres, sino que son esclavos de un rol que responde a unas expectativas y a unos intereses. Son un diseño de precisión, y en tanto estén vinculados a empresas privadas que los respaldan e invierten en ellos, la distinción entre personas y personajes no es que tenga una fina línea, es que no la tiene. Que estos símbolos que invaden nuestro ocio por tierra, mar y aire, que se cuelan en nuestro imaginario con más o menos intensidad, tengan condicionantes es como desvelar el truco que hay detrás de un número de magia, ver el reverso de la ficción, una forma de perder la inocencia. 

No, Gina no tiene libertad de opinión mientras esté encadenada a ese personaje que, por otra parte, la ha proyectado. Y en un guiño final, sus muñecos, ahora cerca del mercado negro, pronto van a disparar su valor por su rareza. Leyes del mercado e ideología, la extraña pareja.

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