El resultado del 14-F

Un ‘president’ y dos hombres fuertes

Quien quiera vislumbrar el desarrollo de la legislatura más allá de las negociaciones, que se fije en tres nombres: Pere Aragonès, Miquel Iceta y Jordi Sànchez

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Pere Aragonès.

Pere Aragonès. / FERRAN NADEU

Quien quiera vislumbrar el desarrollo de la legislatura más allá de estas negociaciones, que se fije en tres nombres. En primer lugar, el de Pere Aragonès, que será un ‘president’ efectivo, no un vicario de Junqueras porque ambos saben que saldrían perdiendo, ellos y su partido. Luego Miquel Iceta, no Salvador Illa, hoy bajo efímeros focos, sino el hombre fuerte del PSOE en Catalunya y del PSC en España. Para completar el terceto, que no tiene nada que ver con un triunvirato, Jordi Sànchez, que mediante el cambio de hegemonía en el independentismo y la desautorización de las urnas a Puigdemont se convierte en el líder indiscutible de JxCat. He aquí pues que unos miles de votos han cambiado las previsiones de entronizar una presidenta de la Generalitat, o tal vez dos al precio de una, si Laura Borràs acababa inhabilitada y era sustituida por Elsa Artadi. Posible premio de consolación: la tercera presidenta del Parlament, que en justa correspondencia toca a JxCat.

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Sean cuales sean los apoyos que acabe recogiendo Aragonès, sean cuales sean los colores del Govern, la investidura del candidato de Esquerra comporta en efecto una nueva etapa, de amplia interlocución, bastante diálogo y una cierta conciliación. De modo que, con vetos o sin vetos y aunque sea más allá de los vetos, Aragonès buscará mayorías que desborden el bloque independentista. Ni que recordar tiene, aunque sea de paso, a los amigos de las elucubraciones, que los votos de JxCat serán para Aragonès, y que en todo caso serán los Comuns quienes ya veremos si se excluyen o se abstienen. En cualquier caso, el 80% de la política catalana estará en manos de Aragonès, que es como si dijéramos un tecnócrata que sabe cuál es su papel.

El interlocutor principal

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También lo sabe, y se frota las manos bajo la mesa ministerial, Miquel Iceta, que no ha dejado ni es de suponer que deje de ser ‘primer secretari’ del PSC. Para él, la apuesta Illa comportaba el riesgo de dejar de ser el amo absoluto del negociado, porque Illa es sobre todo hombre de partido. Si el exministro obtenía la presidencia, o una vicepresidencia, o aunque fuera vara alta a la hora de conformar mayorías, pues su figura crecía. Pero como no será así, y si algo exigirán los negociadores de ERC al PSOE es que hagan callar el jefe de la oposición, el hombre fuerte, el interlocutor principal de unas negociaciones por fuerza tensas y delicadas, será Miquel Iceta en su doble función de ‘primer secretari’ y ministro de Política Territorial, que sin duda eligió expresamente igual que antes había recomendado la entonces muy inocente cartera de Sanidad para el fidelísimo Illa.

En fin y por fin, que si JxCat dispone de una inteligencia política de veras remarcable, no se halla en el exilio ni ocupará cargo alguno. Aún más que antes, Jordi Sànchez es ya, de manera automática y por la vía rápida de la pérdida de la corona de Waterloo, quien debe marcar el rumbo y las condiciones de la cohabitación con ERC y el difícil camino de convertir a JxCat en un partido mucho más abierto, y por tanto dúctil, o sea dócil, de lo que Bruselas, Borràs y sus ‘hooligans’ proclamaban.