Camino a las urnas

¿Qué nos jugamos el 14-F?

Catalunya ya no es hoy aquel país en el que había que estar, y el factor determinante ha sido el 'procés'

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Urnas  y material de protección preparados en los talleres municipales del Ayuntamiento de Barcelona para la jornada electoral del 14-F.

Urnas  y material de protección preparados en los talleres municipales del Ayuntamiento de Barcelona para la jornada electoral del 14-F. / Ferran Nadeu

En una campaña marcada por la pandemia y el hartazgo ciudadano con la política, la economía tiende a quedar en segundo plano. Además, entre las propuestas electorales de los partidos que realmente tienen opciones de gobernar no se aprecian diferencias notables, más allá de ajustes fiscales en uno u otro sentido. Sin embargo, nuestra economía se juega mucho en estos comicios.

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Desde hace ya años, en Catalunya se va dando una divergencia creciente entre actividad y poder económico. Entendemos por actividad económica el que los hoteles se llenen, lo que retornará a medida que controlemos la pandemia, y que las fábricas produzcan, lo que no ha dejado de suceder. Al hablar de poder, nos referimos a ser una comunidad de referencia, en España y Europa; donde se acude a la búsqueda de socios o capitales para grandes proyectos; de la que surgen iniciativas ambiciosas; y desde donde se sabe influir ya sea en Madrid o en Bruselas. Mientras en actividad no vamos mal, nuestro poder ha ido esfumándose de manera tan sigilosa como continuada. Hoy Catalunya ya no es aquel país en el que había que estar.

Modelo roto

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Algunos señalarán como responsable a los conservadores españoles y su tendencia a la centralización. Otros al proceso globalizador, que tiende a concentrar poder económico en unas pocas metrópolis. Los habrá que, también, apunten a la pérdida de ambición de la burguesía empresarial catalana. Todo ello será cierto, pero el elemento determinante ha sido un ‘procés’ que, tras cerca ya de una década, ha roto lo que era un modelo atractivo y cohesionado de economía y sociedad.

Así, el próximo 14 de febrero lo que está en juego no es la apuesta por un modelo económico u otro, ni tan siquiera por esta o aquella fiscalidad. La disyuntiva es otra: o seguir por un callejón sin salida o, por el contrario, empezar a reconstruir las bases de ese poder económico sin el cual las sociedades acaban hundidas en la irrelevancia y la mediocridad. Que puede convertirse en irreversible.