La identidad en internet

Quién quiere ser popular

Las redes sociales no fueron diseñadas para ser un vehículo de la autenticidad, sino para aumentar el alcance de una narrativa

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Aplicaciones de redes sociales.

Aplicaciones de redes sociales. / Pixabay

Quién me iba decir a mí que a medio camino del doctorado descubriría que la expresión ‘reality show’ sirve para describir contenidos capaces de causarme absoluta fascinación.

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 ‘The Circle’ es un ‘reality show’ británico disponible ahora en Netflix en el que los participantes compiten por un premio de 50.000 libras en unas condiciones que ahora, tras una pandemia mundial y sus consecuentes cuarentenas, se nos hacen menos excepcionales que en 2018, cuando se lanzó el programa. En él, los participantes se mudan a diferentes pisos de un mismo edificio en los cuales estarán aislados del mundo exterior. Sin teléfono ni acceso a medios de comunicación, y sin la omnipresente compañía de internet, los participantes deberán interactuar entre ellos mediante el uso de una red social cerrada en la cual solo es posible chatear por texto y participar en diferentes actividades programadas. Los participantes deberán votar a sus compañeros de competición varias veces a lo largo de la competición, y quien reciba los mejores ‘ratings’ será proclamado vencedor del programa.

Pero antes de las votaciones, antes de lanzarse a las actividades grupales y entablar conversaciones, los participantes necesitan crear sus perfiles. Como si estuvieran abriendo su primera cuenta en una red social real, eligen fotos, escriben una descripción, invocan emoticonos y ‘hashtags’, creando la versión de sí mismos que consideran más apropiada para ganar un concurso de popularidad. Pero no todo el mundo decide ser en la red social quien le devuelve la mirada en el espejo, y aun quien elige aferrarse a esa verdad se quedará corto en el intento de ser él mismo. Las redes sociales no fueron diseñadas para ser el vehículo de esa autenticidad que tanto nos gusta valorar por encima de todas las cosas, sino para facilitar la creación y aumentar el alcance de una narrativa, que cuanto más concreta y fácil de digerir, más propensa al éxito será. La identidad real de uno no es ni concreta ni fácil de digerir, pero estando inmersos en el constante concurso de popularidad que es la vida, conviene saber que ganó el concursante que más mentía.