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Del miedo a la esperanza

Mientras hundía la reputación política de la primera potencia mundial, Trump elevaba a su rival, Joe Biden, a la categoría de máxima esperanza

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Joe Biden, en diciembre en Delaware.

Joe Biden, en diciembre en Delaware. / ROBERTO SCHMIDT

“El verdadero poder –ni tan siquiera quiero utilizar la palabra– es el miedo”, le dijo Donald Trump a Bob Woodward el 31 de marzo de 2016. El entonces empresario se postulaba para alcanzar la presidencia de Estados Unidos y el periodista que había investigado el Watergate tomó nota de aquella declaración de principios. Dos años más tarde, Woodward detalló minuciosamente la tormentosa vida en la Casa Blanca cuando  altos cargos de la administración optaron por robar proyectos de decreto del presidente para evitar males mayores con su firma. Neutralizaban así posibles decisiones que serían tomadas por capricho, filias o fobias sin atender a razones de lógica ni prudencia antes de que sus subordinados se vieran forzados a aplicarlas por temor más que por respeto.

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Y como Trump se negó a participar para dar su versión sobre la pesquisa, el legendario periodista aplicó la técnica inaugurada por su colega Gay Talese medio siglo antes con un retrato de Frank Sinatra en circunstancias parecidas: hablar con su entorno, grabar cientos de horas de conversaciones de referencia y utilizar toda la información sin indicar quién se la había proporcionado. El resultado fue un libro titulado ‘Miedo’ (Roca editorial). En él se describía la trama que precedía a la toma de medidas trascendentales para la política tanto nacional como internacional. “Era, prácticamente, un golpe de Estado administrativo, una crisis nerviosa del poder ejecutivo del país más poderoso del mundo”. Pero el intento real de sedición llegaría con el final del mandato.

'I love you' perverso

Por aquel entonces, “Estados Unidos se vio subyugado por las palabras y las acciones de un líder volátil, impredecible y emocionalmente alterado”, a quien su directora de comunicación y estrategia ya había intentado frenarle infructuosamente su adicción a los tuits. “Estás cometiendo graves errores”, le advirtió. Y hasta el miércoles, cuando a través de la misma red, antes de que le bloquearan la cuenta, instó a sus alocados seguidores a abandonar la revuelta del Capitolio y regresar a casa en paz. Y les envió el más perverso “I love you” de la historia. Era la cara de la moneda que tenía a los demócratas como cruz. 

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“Me lancé a la presidencia por usted” le había espetado Donald Trump a Joe Biden en su último debate electoral. Repetía así una frase dirigida en la anterior contienda a Hillary Clinton. Pretendía matar con el mismo tiro, con cuatro años de diferencia, a dos pájaros a los que quería presentar como iguales. Representantes ambos del mismo ‘establishment’ corrupto y caduco. Por eso concluyó aquel desvarío con una amenaza: “Esto va a ser un fraude. No va a acabar bien”. Efectivamente. La recta final de su  presidencia ha sido un timo y no podía acabar peor. Pero mientras hundía la reputación política de la primera potencia mundial elevaba a su rival a la categoría de máxima esperanza.

A Joseph Robinette Biden Jr. (Scranton, Pensilvania, 20/11/1942), Trump le ha hecho un favor: llevarle a la presidencia con la fuerza que nunca pudo imaginar. Rompiendo con una larga trayectoria de político gris y poco carismático que ha tenido que colmar con una sobredosis de paciencia todo el proceso de su última aspiración. No lo tiene fácil porque hereda un país profundamente herido. Y desde esta semana sentidamente dolido.