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'L'anno che verrà'

Por primera vez me enteré de un resultado del Barça al día siguiente de jugarse un partido

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Koeman protesta desde el banquillo una decisión arbitral durante el Barça-Eibar.

Koeman protesta desde el banquillo una decisión arbitral durante el Barça-Eibar. / JORDI COTRINA

La cobardía es el pasaporte más universal. Sirve para cruzar todas las fronteras. La literatura enseña lo contrario. Que el mundo es de la osadía y de quien planta cara golpeándose el pecho con los puños. Mentira. Cuenten los leones que quedan en el planeta y hagan lo propio con las gallinas. ¿Se han convencido? Los historiadores del futuro ya tienen nombre para nuestra civilización: 'la era del clocar'. Del sapiens al mandilón. Los miedicas sobrevivimos con mayor facilidad al presente cuando se complica. Hacerse el muerto, que circulen los monstruos y ya escampará.

Me cuento entre los miedicas. En el fondo estas son mis cábalas de la vergüenza. Porque por vez primera hasta donde mi memoria alcanza esta semana me enteré de un resultado del Barça al día siguiente de haberse jugado el partido. Peor aún, ni tan siquiera era consciente de la existencia de ese enfrentamiento. Y no porque estuviera de vacaciones. Simplemente me comporto como aficionado que quiere sobrevivir al fin de los tiempos de la manera más fácil: convirtiéndome en un ponedor de huevos. 

¿Hablar cada semana de fútbol?

En este preciso momento tienen todo el derecho a enarcar las cejas y preguntarse si este que escribe merece ser llamado periodista y hablarles cada semana de fútbol si ya ni se entera de cuando juega el Barça. ¡Dejen de leer! Sin duda merezco perder su favor. ¡Vergüenza! '¡Vergogna! ¡Shame! ¡Honte!'

Reconozco que todo esto es entre poco y nada profesional. Uno firma un contrato de sangre con su profesión, para lo bueno y para lo malo y hasta que la muerte los separe. Y no hay excusa. Aunque sí atenuantes. Es a ellos a los que apelo para ganarme su indulgencia. Reconozcan que entre los destrozos de la pandemia y los del Barça esto se ha puesto imposible y que el único modo de surfear la temporada es en modo me resbala y hacerse el ciego, el sordo y el mudo ante todo lo que falta por venir. 

No soy el único cobarde. El ejército de los que vivimos al margen de jornadas y horarios empieza a estar tremendamente nutrido. Son tiempos nuevos, tiempos salvajes, como enseñaban los Ilegales. Hemos inaugurado un período en el que se atienden llamadas de teléfono en medio de un partido de futbol o en el que cualquier episodio de cualquier serie se deja ver con mayor interés que un encuentro de los azulgrana.

Creamos que 2021 será el paraíso

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Podemos echar mano del pensamiento mágico. Imaginar que todo era culpa del mal de ojo con el que llegó 2020 y que con el año que estrenamos todo serán pelillos a la mar y vuelta a las viejas costumbres. Creamos que 2021 será el paraíso que Lucio Dalla cantaba en 'L’anno che verrà'. Aunque ese tesoro de canción, que en cada estrofa siluetea como será el paraíso en la tierra, acaba por reconocer que por mucho optimismo que nos inyectemos en vena lo único que garantiza un año nuevo es que tras 365 días acabará.

Conformémonos pues con el viejo refrán inglés que nos invita a esperar lo mejor mientras nos preparamos para lo peor. O lo que es lo mismo, sigamos ensayando el baile de la gallina. Escondidos bajo la cama ignorando qué día se juegan los partidos y, a decir verdad, sin que nos importe demasiado. ¡Feliz año nuevo!

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