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El papa Francisco en la Misa de Nochebuena.

El papa Francisco en la Misa de Nochebuena. / VINCENZO PINTO

La Congregación para la Doctrina de la Fe ha emitido un comunicado en el que defiende que “las vacunas son moralmente aceptables”. Es un descanso saber que la Iglesia católica no pone impedimentos a los avances científicos: los creyentes pueden vacunarse sin miedo a contravenir el Evangelio. Parece que había cardenales que dudaban de la investigación porque, según ellos, se habían utilizado células humanas provenientes de abortos. El Vaticano ha dicho que era falso o, en cualquier caso, ha valorado el hecho de que las vacunas representaban más beneficios que no problemas éticos. No quiero ni pensar que la jerarquía hubiera apostado por el movimiento anti-vacunas, en el que se alían los escépticos, los vendedores de lejía contra el cáncer, los desconfiados, los partidarios del tremendismo y los que creen que, con la vacuna, nos meterán un chip que recorrerá el sistema sanguíneo.

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No creo que los miles de personas que esta semana han comenzado a recibir los primeros preparados estuvieran pendientes de saber qué decía la antigua Inquisición antes de dejarse pinchar, pero –ya que se trata de una cuestión de fe– siempre es mejor tener a mano el ‘nihil obstat’ eclesial.